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Posicionarse o no posicionarse: esa es la cuestión

Bad Bunny y Rosalia Posicionamiento

Me parece importante, en temporada de premios y conciertos, hablar de la idea de que los famosos no tienen por qué hablar de política y que exigirles una postura es injusto. Pero este pensamiento ignora que la fama conlleva una relación entre la persona influyente y las personas que consumen, apoyan, financian y legitiman su éxito. Y toda relación conlleva una responsabilidad. Por eso, cuando el mundo atraviesa crisis políticas y humanitarias de gran gravedad — como el genocidio en Palestina o las políticas migratorias de Estados Unidos —, el silencio de quienes tienen esa visibilidad no es neutral. Es una forma de posicionamiento. Y, si no, debería serlo.

No posicionarse no es quedarse al margen. En contextos de violencia, de vulneración sistemática de derechos humanos y de sufrimiento documentado, el silencio favorece al victimario. Es una decisión política, aunque se disfrace de prudencia o neutralidad.

Muchos famosos argumentan que no tienen suficiente información. Pero es algo poco creíble en un mundo hiperconectado, donde el acceso a fuentes y testimonios es infinito. Tampoco se les exige un tratado político ni una solución al conflicto… Tan solo un gesto mínimo de humanidad: reconocer el dolor, condenar la violencia y denunciar la injusticia.

Otros dicen que posicionarse puede afectar a su carrera, a sus contratos o a su imagen pública. Y precisamente ahí reside el problema. Si la defensa de los derechos humanos se convierte en un riesgo profesional, ¿Qué dice eso de la industria cultural? ¿Qué tipo de valores estamos priorizando como sociedad?

Es legítimo exigir a las figuras públicas coherencia ética. Incluso es nuestro deber preguntarnos a quién damos nuestra atención. Exigir famosos conscientes es decidir que no queremos admirar a personas que eligen mirar hacia otro lado cuando el mundo arde.

No se trata de linchamientos ni de obligar a nadie a pronunciar un discurso perfecto. Se trata de entender que la cultura no existe al margen de la realidad política. El arte, la música y el cine siempre han sido herramientas de denuncia, de memoria y de resistencia. Vaciar de contenido ético a sus figuras públicas es borrar el sentido del arte.

En tiempos de horror, el silencio no es prudencia: es comodidad. Exigir posicionamiento es pedir humanidad. Y quizá ha llegado el momento de asumir que admirar a alguien implica también evaluar qué hace — o deja de hacer — con la voz que el mundo le ha dado.

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3 Comentarios

  • La cultura siempre es reivindicación. El arte es del pueblo y una herramienta de lucha social. Por mucho que quieras ir de neutral, tu producto dice algo de ti, es tu discurso. Si tienes algo de empatía debes aprovecharlo para alzar la voz por los que no pueden y denunciar las injusticias. Si no lo haces formas parte de la opresión. No se trata ser abanderado de nada, ni ponerte el primero «por las precarias!», pero, chica, un poco de conciencia de clase. Reconoce tus privilegios y úsalos en favor de la mayoría, a menos que seas un nepobaby, que entonces mejor cállate.

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