‘El Conquis’ ha cambiado por completo en una sola entrega. Lo que empezó como una victoria balsámica para los Yocahus terminó convirtiéndose en uno de los giros más duros de la edición.
La desaparición del equipo Guabán tras los abandonos de Aritz y Treku por intoxicación. En el Caribe, un error se paga caro. Y esta vez, el precio ha sido altísimo.
Los rojos encontraron por fin un respiro en el juego del Surströming. Aprovecharon mejor que nadie los fallos de sus rivales y se llevaron una ikurriña que les devuelve algo más importante que la comida: confianza. Después de semanas a la deriva, los Yocahus vuelven a respirar y a sentirse equipo, aunque por dentro sigan acumulando grietas.
Los Guabanes, en cambio, pasaron de parecer el grupo más fuerte a quedarse fuera del mapa. La intoxicación por las bayas amarillas acabó sentenciando a Aritz y Treku, obligados a abandonar la aventura por motivos médicos. Y con ellos, se desmoronó también el equipo amarillo. No cayeron en un duelo ni en una estrategia mal calculada: cayeron por un golpe tan absurdo como devastador.
La extinción Guabán deja una de las imágenes más tristes de la temporada, pero también reordena por completo el concurso. Aimar, Nerea y Libe pasan al equipo Corocote, mientras que Sagas y Lekatxo aterrizan en el Yocahu. El reparto no es menor: los azules ganan bloque, afinidad y fuerza; los rojos, en cambio, suman dos piezas nuevas justo cuando su convivencia vuelve a calentarse.
Porque sí: el conflicto entre Marcela y Keni sigue muy vivo, y ahí puede estar una de las claves de esta nueva etapa. Sagas y Lekatxo llegan a un campamento donde la tensión ya existía antes de pisarlo, así que no tardarán en entender que aquí no solo hay que competir: también hay que sobrevivir políticamente.
El nuevo escenario deja una sensación clara: ‘El Conquis’ entra en otra fase. Más corta, más dura y mucho más estratégica. Ya no hay margen para esconderse, y cada movimiento puede decidir quién se mete de verdad en la pelea final.










