Seguro que en algún momento os habrá pasado como a mí, y es que últimamente me he encontrado con alguna de esas listas de “50 libros que tienes que leer antes de morir”, “50 películas que debes ver antes de morir” o incluso series que, por una razón u otra, deberíamos haber visto al menos una vez en la vida. Y, después de cruzarme con unas cuantas de ellas, pensé: ¿y por qué no hacer lo mismo con la música? ¿Por qué no reunir 50 canciones que, antes de que se acabe nuestra propia película, deberíamos haber escuchado al menos una vez?
Ahora bien, hay una pequeña diferencia. Esta no es una lista de las 50 canciones más importantes de la historia de la música, ni de las más famosas, ni de las que más discos han vendido, ni siquiera de las que objetivamente podríamos considerar “las mejores”. Entre otras cosas porque, si algo he aprendido después de pasarme más de media vida escuchando música, es que hay canciones que pueden ser auténticas obras maestras y, sin embargo, no decirte absolutamente nada; y otras que quizá no aparezcan en ninguna lista de clásicos imprescindibles, pero que basta con que empiecen a sonar para que algo dentro de ti se mueva.
Y ese es precisamente el criterio que he utilizado para construir esta lista: canciones que producen una sensación, despiertan una emoción o generan una experiencia que, para mí, resulta única e irrepetible. Canciones que pueden ponerte la piel de gallina, levantarte del sillón de un salto, hacerte llorar aunque no estés triste, devolverte a un lugar al que ni siquiera sabías que querías volver, hacerte sentir invencible durante cuatro minutos, dejarte completamente roto o, simplemente, obligarte a detener lo que estabas haciendo para escuchar. Porque hay canciones que no solo se oyen. Se sienten y se viven.
Por supuesto, esta es una selección completamente personal y, probablemente, más de una os hará levantar una ceja, preguntaros qué demonios hago metiendo esa canción aquí o echar en falta alguna que para vosotros sea imprescindible. Y precisamente ahí está también la gracia. Seguramente no sea el primero al que se le ha ocurrido hacer una lista como esta, pero me apetecía hacerla desde mi propia experiencia como oyente de las canciones que dejaron algo dentro de mí.
Así que aquí están mis 50 canciones que debes escuchar antes de morir. Hay éxitos mundiales, canciones que todos conocemos, y otras que seguramente no te suenen. Si alguna no la habéis escuchado todavía, os invito de verdad a que le deis al play antes de seguir leyendo. Y si ya las conocéis todas, entonces necesito saber cuáles son las vuestras: ¿Qué canciones añadiríais a esta lista sí o sí? Dejadme vuestras recomendaciones en los comentarios, porque quizá entre ellas se esconda la próxima canción que alguien necesite escuchar.
Y una cosa os advierto: en esta lista no vais a encontrar simplemente 50 canciones. Vais a encontrar 50 joyas emocionales ¡Empecemos!
1. "I will survive" - Gloria Gaynor
Esto no es ningún ranking, así que el orden de las canciones es completamente aleatorio. Pocas canciones han conseguido convertir la supervivencia en una celebración como “I Will Survive”. Publicada por Gloria Gaynor en 1978, nació como una canción de ruptura, pero terminó convirtiéndose en algo muchísimo más grande: un himno universal para levantarse, sacudirse el miedo y decirle al mundo que todavía seguimos aquí. Y quizá ahí esté su magia: da igual cuántas veces la hayas escuchado, porque cuando comienza ese ritmo disco y entra la voz de Gaynor, resulta casi imposible permanecer indiferente. “I Will Survive” no te pide que seas fuerte: consigue que, durante unos minutos, te sientas fuerte. Es una de esas canciones que convierten una herida en baile y que parecen recordarte que, aunque ahora mismo no lo parezca, siempre queda algo dentro de nosotros dispuesto a volver a ponerse en pie.
2. "Me cuesta tanto olvidarte" - Mecano
Hay canciones de desamor que hablan de llorar, de echar de menos o de querer volver, pero “Me cuesta tanto olvidarte” hace algo mucho más sencillo y, precisamente por eso, mucho más doloroso: reconoce que olvidar a alguien no es una decisión que podamos tomar de un día para otro. Publicada por Mecano en 1986, la canción tiene esa capacidad tan particular del grupo para envolver sentimientos profundamente humanos en una melodía aparentemente sencilla y elegante. Y escucharla es casi como entrar en una habitación llena de recuerdos que creías haber cerrado. No necesita gritar para doler; le basta con dejar espacio al silencio, a la memoria y a todo aquello que todavía permanece cuando una persona ya no está. Hay canciones que hablan de perder a alguien y canciones que consiguen que, durante cuatro minutos, vuelvas a sentir lo que era tenerlo.
3. "En el muelle de San Blas" de Maná
Pocas canciones consiguen contar una historia de amor perdido con una imagen tan poderosa como “En el muelle de San Blas”. Maná convirtió en canción la historia de una mujer que espera durante años el regreso de quien se marchó al mar, hasta transformar aquel muelle en el escenario de una espera que parece no terminar nunca. Pero lo verdaderamente especial aparece cuando la canción empieza a crecer y comprendemos que ya no estamos escuchando simplemente una historia de amor: estamos escuchando la tristeza de alguien que ha decidido quedarse esperando mientras el mundo continúa avanzando. Hay algo hipnótico en su melodía y en esa narración que hace que cada vez que vuelve el estribillo puedas imaginar el mar, el muelle y a esa mujer esperando a alguien que quizá nunca regresará. Es nostalgia, pero una nostalgia extraña: la de echar de menos una historia que ni siquiera hemos vivido.
4. "Viva la vida" - Coldplay
Hay canciones que te emocionan y hay canciones que parecen hacer que el mundo entero se vuelva un poco más grande durante unos minutos. “Viva la Vida” pertenece a las segundas. Coldplay la publicó en 2008 y desde sus primeros compases construye una sensación difícil de explicar: las cuerdas, el ritmo, las campanas y esa melodía ascendente parecen empujarte hacia algo enorme. Su letra habla desde la perspectiva de alguien que ha perdido el poder y contempla cómo todo aquello que creía eterno se desmorona, pero la canción termina trascendiendo su propia historia. Escuchar “Viva la Vida” es sentir que estás dentro de una película que todavía no sabes cómo va a terminar. Es épica, melancólica, luminosa y grandiosa al mismo tiempo; una de esas canciones que, cuando empiezan a sonar, consiguen que hasta caminar por la calle parezca formar parte de algo mucho más importante.
5. "Memory" de Barbra Streisand
Aunque Memory pertenece al musical Cats y fue escrita por Andrew Lloyd Webber a partir de los textos de T. S. Eliot, la versión de Barbra Streisand convirtió esta canción en una de esas grandes baladas que parecen existir desde siempre. Streisand la grabó en 1981 para Memories, y su interpretación tiene algo casi sobrenatural: empieza en la intimidad y acaba creciendo hasta ocuparlo todo. Escucharla es sentir la nostalgia de mirar atrás y descubrir que el pasado ya no puede volver, pero también las ganas de empezar de nuevo. Una canción para cerrar los ojos y dejar que la voz haga el resto.
6. "El universo sobre mí" - Amaral
Aunque cualquier tema de este grupo podría estar en esta lista, como «Días de verano» o «Sin ti no soy nada», me quedo con «El universo sobre mí». Un himno donde los haya que tiene algo que engancha desde el primer compás: esa sensación de estar cansado de todo, pero decidir que ya basta. La voz de Eva Amaral, la melodía ascendente y ese estribillo enorme convierten una reflexión íntima en una auténtica declaración de libertad. Escucharla es abrir las ventanas después de demasiado tiempo a oscuras: dejar atrás el ruido, respirar y recordar que, pese a todo, el mundo sigue ahí fuera. Para una lista de 50 canciones, me parece especialmente valiosa porque no solo emociona: te cambia el estado de ánimo.
7. "Un beso y una flor" - Nino Bravo
En 1972, Nino Bravo puso voz a una canción de José Luis Armenteros y Pablo Herrero que acabaría convirtiéndose en uno de los grandes clásicos de la música española. Un beso y una flor habla de marcharse, de dejar atrás a quienes quieres y de llevarte su recuerdo contigo; pero en la voz de Nino aquello deja de ser simplemente una despedida y se convierte en algo enorme. Hay canciones que cuentan un viaje y otras que hacen sentir el momento exacto en que te das la vuelta para decir adiós. Esta es de las segundas.
8. "Forever young" - Alphaville
Publicada por Alphaville en 1984, Forever Young parece, a primera escucha, una canción sobre el deseo de no hacerse mayor. Pero bajo sus sintetizadores y su melodía casi celestial hay una reflexión mucho más inquietante sobre la juventud, el tiempo y lo frágil que puede ser la vida. Por eso sigue sonando tan poderosa cuatro décadas después: tiene algo de himno y algo de despedida, como si quisiera atrapar un instante antes de que desaparezca. Escucharla es sentir el vértigo de saber que nada permanece para siempre.
9. "The winner takes it all" - ABBA
Aunque es un tema original de ABBA, la que para mí es magia pura es la versión de Meryl Streep para Mamma Mia! Una de esas canciones que consiguen convertir una ruptura en algo mucho más grande que una historia de amor. La interpretación de Agnetha o Meryl, contenida pero desgarradora, hace que cada frase parezca una aceptación a regañadientes de que algunas batallas tienen perdedores. No hace falta gritar para romperle el corazón a nadie: basta un piano, una melodía preciosa y la sensación de que alguien está intentando aceptar que ya lo ha perdido todo. Es tristeza elegante, de la que duele precisamente porque nunca pierde la compostura.
10. "Que te quería" - La Quinta Estación
Con Que te quería, La Quinta Estación convirtió el desamor en pura tensión emocional. La canción, incluida en Sin frenos (2009), avanza con una intensidad que parece crecer a cada verso hasta desembocar en un estribillo imposible de cantar a medias. Natalia Jiménez no interpreta aquí una tristeza tranquila, sino una herida todavía abierta, esa mezcla de rabia, impotencia y cariño que aparece cuando sabes que algo terminó pero tu corazón aún no se ha enterado. Hay canciones que se escuchan; esta se canta como si necesitáramos sacárnosla de dentro.
11. "Hang up" - Madonna
Si hay una canción capaz de convertir la obsesión en una pista de baile, es Hung Up. Madonna la publicó en 2005 y construyó uno de sus mayores himnos alrededor del mítico fragmento de Gimme! Gimme! Gimme! de ABBA. El resultado es una descarga inmediata de energía: sintetizadores, ritmo disco y una Madonna que transforma la espera, la impaciencia y el deseo en movimiento. Es electricidad pura. De esas canciones que empiezan a sonar y, aunque estés perfectamente quieto, tu cuerpo ya ha decidido que hoy se baila.
12. "No dudaría" - Antonio Flores
Antonio Flores convirtió No dudaría en una canción de paz nacida del arrepentimiento. Publicada en 1980, detrás de su aparente sencillez hay una declaración profundamente humana: reconocer el daño causado y desear que determinadas cosas nunca hubieran ocurrido. Su voz, cálida y frágil, consigue que el mensaje no suene grandilocuente, sino tremendamente cercano. Escucharla es sentir el peso de lo que no se puede cambiar y, al mismo tiempo, la esperanza de aprender de ello. Una canción que, décadas después, sigue pidiendo lo mismo: que elijamos la paz.
13. "The house of the rising sun" - The Animals
Aunque su origen se pierde en la tradición popular estadounidense, fueron The Animals quienes en 1964 convirtieron The House of the Rising Sun en un clásico inmortal. La versión comienza casi como un lamento y va creciendo hasta convertirse en una tormenta de órgano, guitarra y voz. Hay algo oscuro e hipnótico en ella, como si estuvieras entrando en un lugar del que sabes que no deberías acercarte. Es una canción que huele a noche, a carretera y a secretos, y precisamente por eso sigue atrapando al oyente más de medio siglo después. Versiones como la de Amaia y Álex de Lucas en español o la de Elle McKenzi también son oro puro.
14. "La Llorona" - Chavela Vargas
Pocas canciones parecen llevar tantos siglos de dolor dentro como La Llorona, canción tradicional mexicana que Chavela Vargas convirtió en una de sus interpretaciones más reconocibles. Su voz áspera, desnuda y profundamente humana hace que deje de parecer una canción para convertirse casi en una confesión. Y ahí está su magia: no necesita adornos para estremecer, porque cada palabra parece salir de un lugar muy antiguo. Escuchar a Chavela cantar La Llorona es asomarse a una herida que no se cierra, pero que ha aprendido a cantar. Para los fans de OT, como yo, también disfrutaréis al máximo de la versión de Alba Reche.
15. "Hallelujah" - Jeff Buckley
Este es, sin duda, el tema por excelencia de todos los temas. Leonard Cohen escribió Hallelujah, pero la versión de Jeff Buckley, publicada en 1994, consiguió darle una nueva dimensión. Su voz parece moverse constantemente entre la fragilidad y el éxtasis, convirtiendo la canción en algo que puede sonar religioso, sensual, triste o esperanzador según el momento en que la escuches. Y ahí está su grandeza: no ofrece respuestas, solo emociones. Escuchar a Buckley es sentir una especie de belleza suspendida en el aire, como si durante unos minutos todo lo que duele también pudiera resultar hermoso. La versión a capella del grupo Pentatonix tampoco debería escaparse de esta lista.
16. "Crazy in love" - Beyoncé
Es físicamente imposible no escuchar apenas dos segundo de esta maravilla y no levantarte y ponerte a desfilar como si estuvieras en una pasarela. En 2003, mi año de nacimiento, Beyoncé irrumpió en solitario con Crazy in Love y dejó claro desde el primer segundo que había nacido una estrella. Con ese sample de Are You My Woman (Tell Me So), los metales y el ritmo imparable la canción convirtió este tema en toda una explosión de energía. No intenta describir el amor con delicadeza: lo lanza directamente contra la pared y lo hace bailar. Escucharla es electricidad, seguridad y euforia; una de esas canciones que no piden permiso para levantarte de la silla, y llevarte hasta lo más alto gracias a la voz rompedora de Beyoncé.
17. "Bohemian Rhapsody" - QUEEN
En 1975, Queen decidió hacer historia con algo que sobre el papel parecía una auténtica locura: juntar balada, ópera y rock en una sola canción. Bohemian Rhapsody no se parece prácticamente a nada y, precisamente por eso, sigue siendo irrepetible. La voz de Freddie Mercury atraviesa registros, personajes y emociones mientras la canción cambia de piel una y otra vez. Escucharla es subirse a una montaña rusa musical sin saber cuál será la siguiente curva. Hay canciones que se convierten en clásicos; esta directamente creó su propio idioma.
18. "Creep" - Radiohead
Creep fue la canción que puso a Radiohead en el mapa en 1992, aunque con el tiempo la banda llegaría muchísimo más lejos que aquel primer gran éxito. Su grandeza está en la contradicción: comienza contenida, casi vulnerable, y termina explotando en guitarras como si toda esa inseguridad acumulada necesitara salir de golpe. Es una canción sobre sentirse fuera de lugar, pero su fuerza consiguió que millones de personas se reconocieran precisamente en eso. Escucharla es sentirte pequeño durante unos minutos y, paradójicamente, descubrir que no estás solo.
19. "Lucha de gigantes" - versión de Love of Lesbian y Zahara
La canción original de Antonio Vega ya era una pequeña obra de arte, pero la versión de Love of Lesbian y Zahara consigue llevarla a un terreno todavía más íntimo y emocionante. Sus voces se encuentran en una interpretación contenida, casi suspendida, que respeta la fragilidad de la composición y la llena de nuevos matices. No necesita grandes explosiones: todo ocurre en ese espacio entre la vulnerabilidad y el miedo. Es una canción que parece hablar en voz baja para que te acerques, y cuando lo haces, ya te tiene dentro. Si la escuchas y te quedas igual que estabas, definitivamente eres un robot.
20. "Cuando zarpa el amor" - Camela
Si hay un grupo que ha conseguido convertir el amor cotidiano en patrimonio sentimental, ese es Camela. Cuando zarpa el amor, publicada en 2001, es uno de esos himnos que trascienden cualquier prejuicio: basta escuchar los primeros acordes para que aparezca inmediatamente una historia de despedida, carretera y corazón roto. Su fórmula es sencilla, pero tremendamente efectiva: melodrama sin complejos, emoción a flor de piel y una melodía que se queda contigo. Es la tristeza con luces de neón, esa que duele un poquito pero que, aun así, acabas cantando a pleno pulmón.
21. "Click Clack Symphony" - RAYE, Hans Zimmer
RAYE y Hans Zimmer unieron sus mundos en Click Clack Symphony, una pieza contemporánea que convierte el sonido de unas pisadas de tacones en el corazón de una composición musical. La canción mezcla la sensibilidad vocal de RAYE con la grandiosidad orquestal de Zimmer y consigue algo muy especial: que un simple viaje parezca el comienzo de una historia. Hay movimiento, expectación y una sensación constante de estar avanzando hacia algún lugar. Es una canción que suena a viaje, a mirar por la ventana mientras el mundo pasa y pensar en todo lo que queda por delante. Ya hice un artículo hablando largo y tendido sobre este tema que no deja indiferente a nadie, como mínimo te pone los pelos de punta. A lo mejor no tan conocida, pero te recomiendo que la escuches y, sobre todo, que la sientas.
22. "Punto de Partida" - Rocío Jurado
Punto de partida, compuesta por Juan Pardo e interpretada por la inmensa Rocío Jurado, es una de esas canciones que parecen escritas para una voz capaz de convertir cada palabra en una herida. Aquí no hay medias tintas: hay una mujer que mira de frente al final de una historia y decide empezar de nuevo. Y Rocío lo canta con esa mezcla suya de fuerza, dramatismo y vulnerabilidad que hace que parezca imposible escucharla desde la distancia. Es una canción sobre volver a levantarse cuando ya no queda nada que salvar, y quizá por eso sigue sonando tan grande: porque algunos finales también pueden ser un punto de partida. Un tema donde los haya de los que ya no se escriben, y ni hablar del dueto con Mónica Naranjo porque ahí ya muero yo.
23. "The night we met" - Lord Huron
Publicada originalmente en 2015, The Night We Met encontró una segunda vida gracias a la serie 13 Reasons Why, pero su fuerza no depende de ninguna serie. Lord Huron construye una canción envuelta en guitarras suaves y una voz casi fantasmal que parece mirar hacia atrás buscando un momento que ya no puede recuperar. No habla tanto de echar de menos a alguien como de echar de menos quién eras antes de conocerlo. Es nostalgia en estado puro: una canción para esas noches en las que el pasado parece estar a una sola melodía de distancia. Es completamente inevitable que se te pongan los ojos brillantes apenas escuches los primeros acordes hasta el final.
24. "My heart will go on" - Céline Dion
Hay canciones que quedaron unidas para siempre a una película, y después está My Heart Will Go On. La gran Céline Dion convirtió la canción principal de Titanic en uno de los grandes himnos de la humanidad de los años noventa, llevando una historia de amor y pérdida mucho más allá de la pantalla. Su melodía comienza con delicadeza y termina creciendo hasta hacerse gigantesca, como si el recuerdo pudiera atravesar océanos y décadas. Escucharla es sentir que alguien puede haberse ido y, aun así, seguir viviendo dentro de ti. Puro cine convertido en emoción ¿Quién es capaz de escuchar el estribillo y no quedarse afónico cantando?
25. "La mala costumbre" - Pastora Soler
Llegamos al ecuador de la lista, y si aún no has llorado, llega La mala costumbre, una de esas canciones que Pastora Soler parece haber recibido directamente de la vida para hacerla suya. Publicada en 2009, habla de esas pequeñas cosas que damos por sentadas hasta que descubrimos lo importantes que eran: un abrazo, una conversación, tener cerca a quienes queremos. Pastora la canta con una emoción contenida que va creciendo poco a poco, hasta dejarte frente a una verdad incómoda: a veces necesitamos perder algo para aprender a valorarlo. Es nostalgia, pero también una llamada de atención al presente.
26. "Resistiré" - Duo Dinámico
Publicada en 1988 por el Dúo Dinámico, Resistiré tardó décadas en convertirse en el himno colectivo que hoy conocemos. Su mensaje es sencillo y directo: pase lo que pase, seguir en pie. Quizá por eso funciona tan bien; no necesita grandes metáforas para decir algo que todos entendemos. Su estribillo tiene esa fuerza de las canciones que dejan de pertenecer a quienes las grabaron y pasan a pertenecer a todo el mundo. Es música convertida en armadura, una canción que te recuerda que todavía puedes levantarte una vez más. Mencionar, por supuesto, la increíble versión que sacaron varios artistas durante la cuarentena por Covid-19 que es todo un himno.
27. "Mi gran noche" - Raphael
La favorita de los karaokes, Raphael convirtió Mi gran noche en mucho más que una canción cuando la grabó en los años sesenta: la convirtió en una actitud ante la vida. Con ese comienzo inconfundible y una interpretación absolutamente desbordante, el cantante parece anunciar que esta noche puede pasar cualquier cosa. Da igual si realmente ocurre algo extraordinario; durante esos minutos, la posibilidad ya es suficiente. Escucharla es ponerse una chaqueta imaginaria, salir a la calle y decidir que, por una vez, el mundo va a girar a tu favor.
28. "El Triste" - versión de Yuri
La canción es de Roberto Cantoral y nació originalmente en la voz de José José, pero la versión de Yuri demuestra hasta qué punto El triste puede transformarse dependiendo de quién se atreva a enfrentarse a ella. Su interpretación lleva el desamor hacia un terreno casi teatral, con una voz que crece hasta convertir la tristeza en espectáculo. No es simplemente estar triste: es romperse con elegancia delante de todo el mundo. Una de esas canciones que exigen escucharlas con atención porque, cuando llega el último acorde, parece que también se ha agotado el aire de la habitación. De esas interpretaciones que te mandan la peluca a Alicante.
29. "I will always love you" - Whitney Houston
Aunque la canción fue escrita e interpretada originalmente por Dolly Parton, fue Whitney Houston quien la convirtió en un himno universal gracias a su versión para El guardaespaldas en 1992. Lo extraordinario es que comienza casi susurrando, como una despedida íntima, y termina convirtiéndose en una exhibición vocal descomunal sin perder la emoción. Whitney no canta simplemente que seguirá amando: parece despedirse de una vida entera. Es una de esas interpretaciones que demuestran que una gran voz no impresiona por cuánto puede hacer, sino por cuánto puede hacerte sentir.
30. "Me dijeron de pequeño" - Manuel Carrasco
En Me dijeron de pequeño, Manuel Carrasco, el compositor de himnos, mira hacia atrás para recordar todas esas voces que, desde la infancia, intentaron decirle quién debía ser y hasta dónde podía llegar. Pero la canción acaba convirtiendo esos consejos, expectativas y miedos en una reivindicación de la propia identidad. Carrasco canta desde un lugar muy cercano, sin necesidad de grandes artificios, y consigue que cualquiera encuentre algo suyo entre sus versos. Es una canción sobre quitarse de encima todas las voces ajenas para empezar a escuchar la propia.
31. "Cristal" - Belén Aguilera
Escondido en uno de mis discos favoritos, Superpop de Belén Aguilera se encuentra esta pequeña y frágil obra maestra que consiguen convertir la vulnerabilidad en materia prima. Su voz y una producción que deja espacio para que la emoción respire construyen un retrato de alguien que siente demasiado y, precisamente por eso, puede romperse con facilidad. Pero el cristal también tiene otra propiedad: refleja la luz. Y ahí está la belleza de la canción, en no presentar la fragilidad como una debilidad, sino como parte de lo que somos. Es delicadeza hecha canción, de esas que parecen abrazarte justo cuando más falta hace. No muy conocida, pero toda una joya emocional que debes escuchar antes de morir.
32. "La leyenda del tiempo" - Camarón de la Isla
Camarón de la Isla decidió ponerle música a uno de los poemas más famosos de Federico García Lorca en 1979 sin saber que iba a crear una auténtica maravilla musical. Junto a músicos como Tomatito y con la producción de Ricardo Pachón, el flamenco se encontró con el rock, el jazz y la psicodelia de una manera que entonces resultaba casi revolucionaria. El disco no fue comprendido por todos en su momento, pero terminó convirtiéndose en una obra fundamental para entender la evolución del flamenco contemporáneo. Escucharla es asistir a una revolución, a ese instante en que una tradición decide que para seguir viva también tiene que atreverse a cambiar.
33. "Where have you been" - Rihanna
Publicada en 2011 dentro de Talk That Talk, Where Have You Been muestra a Rihanna en uno de sus terrenos más bailables. Con una producción electrónica hipnótica y un ritmo que parece no dejarte respirar, la canción convierte la búsqueda de alguien en pura energía. No es una balada de espera: es impaciencia hecha música, una necesidad que se transforma en movimiento. Escucharla es sentir que el cuerpo quiere bailar incluso antes de que la cabeza haya decidido hacerlo.
34. "Girasoles" - Rozalén
Aunque pudiera haber elegido cualquiera de esta artista, como «Y busqué» o «La puerta violeta», Girasoles es una de las canciones más luminosas de Rozalén y también una de las que mejor representa su manera de entender la música: contar algo importante sin perder la calidez. Con una melodía sencilla y una letra que reivindica la bondad y a las personas que intentan hacer del mundo un lugar mejor, consigue algo muy difícil: emocionar sin caer en el sentimentalismo. Escucharla es abrir las ventanas y dejar entrar el sol. Una canción que te recuerda que, incluso cuando alrededor hay demasiada oscuridad, siempre merece la pena buscar la luz. No estoy descubriendo América recomendando esta artistaza, pero, echadle un vistazo de cerca a sus temas.
35. "Euphoria" - Loreen
Para los más eurofans como yo, cuando Loreen ganó Eurovisión en 2012 con Euphoria, no solo consiguió una de las victorias más contundentes del certamen: entregó una canción que todavía hoy suena enorme. Sus sintetizadores, la producción electrónica y esa interpretación casi hipnótica construyen una sensación de liberación que va creciendo hasta el estribillo. Euphoria hace honor a su nombre: es una explosión de felicidad sin pedir permiso, de esas canciones que durante unos minutos parecen capaces de hacer que todo vaya bien. Toda una experiencia musical desde su inicio hasta su final pasando por picos épicos dignos de cualquier película.
36. "Back to black" - Amy Winehouse
Cambiando completamente de registro, la eterna Amy Winehouse convirtió el desamor en un territorio musical propio, pero pocas canciones lo hacen con tanta elegancia oscura como Back to Black, publicada en 2006. Su sonido bebe del soul y del girl group clásico mientras la voz de Amy cuenta una historia de pérdida sin disfrazarla ni endulzarla. Todo parece avanzar con una calma inquietante, como si la tristeza ya se hubiera instalado y solo quedara aprender a convivir con ella. Es oscuridad con ritmo, una canción preciosa precisamente porque no intenta esconder aquello que duele.
37. "From now on" y "This is me" - musical El Gran Showman
Aquí me vais a perdonar pero no puedo elegir, y es que la ocasión lo merece. From Now On es el momento en que El Gran Showman, uno de los mejores musicales de la historia, deja atrás el espectáculo y mira hacia dentro. Después de haber perseguido el éxito y la aprobación de los demás, P. T. Barnum comprende qué es realmente importante y decide cambiar el rumbo. La canción empieza contenida y termina creciendo hasta convertirse en un himno coral gigantesco. Es la sensación de volver a casa después de haberte perdido, de mirar todo lo que has hecho y decidir que a partir de ahora quieres vivir de otra manera.
Y luego está This Is Me, que juega en otra liga emocional. Interpretada por Keala Settle, la canción da voz a quienes durante demasiado tiempo han sentido que tenían que esconderse para encajar. No pide aprobación ni compasión: se planta delante del mundo y dice “esta soy yo”. Su crescendo y ese estribillo colectivo convierten una historia de rechazo en una celebración de la identidad. Es imposible no entender por qué se convirtió en uno de los grandes himnos de la película: escucharla es sentir cómo la vergüenza se transforma, poco a poco, en orgullo.
38. "Sobreviviré" - Mónica Naranjo
Cuando Mónica Naranjo publicó Sobreviviré en 2000, convirtió una canción italiana en uno de los grandes himnos de fuerza del pop español. Su voz descomunal, la producción electrónica y ese estribillo que parece diseñado para ser cantado a pleno pulmón hacen que la canción no pida permiso: entra y arrasa. Pero su verdadera fuerza está en el mensaje: después de todo, queda uno mismo. Escucharla es ponerse en pie, sacudirse lo que pesa y decirle al mundo que todavía queda mucho por delante.
39. "Jolene" - Dolly Parton
En 1973, Dolly Parton escribió Jolene a partir de una situación que la hizo temer por su matrimonio y de una joven pelirroja que había conocido. Pero lejos de convertirla en una canción de odio hacia una rival, Dolly hace algo mucho más interesante: suplica. Su voz transmite miedo, inseguridad y vulnerabilidad mientras pide a Jolene que no le quite aquello que ama. La sencillez de la melodía hace que duela todavía más. Es celos convertidos en belleza, una canción en la que la persona que parece más fuerte termina mostrándose completamente frágil. La reciente versión de Beyoncé en su disco Cowboy Carter también es digna de mención.
40. "Vivir así es morir de amor" - Camilo Sesto
Camilo Sesto llevó el melodrama romántico a otra dimensión con Vivir así es morir de amor, publicada en 1978. La canción no entiende de medias tintas: aquí el amor duele, desborda y parece ocuparlo absolutamente todo. Y precisamente ahí está su encanto. Camilo canta con una intensidad casi teatral, como si estuviera viviendo la historia delante de nosotros en lugar de interpretarla. Es exceso emocional en estado puro, una canción que no quiere susurrarte que está sufriendo: quiere que lo sepa todo el edificio. No os podéis perder tampoco la vanguardista versión de Nathy Peluso de 2021.
41. "Nuestro Hogar" - Banda Sonora de El Rey León
Nuestro hogar, de El Rey León, es una de esas canciones que quizá no necesite presentación para quien haya crecido con esta película, pero precisamente por eso merece estar aquí: porque hay melodías capaces de transportarnos directamente a un lugar de nuestra infancia. Su fuerza está en esa sensación de pertenencia, de descubrir que el mundo es enorme pero existe un lugar al que siempre podemos llamar hogar. Y si esta es tu película favorita, entiendo perfectamente que quieras incluirla. Es nostalgia luminosa, de la que no duele: simplemente te devuelve, durante unos minutos, a cuando todo parecía un poco más grande, más mágico y más sencillo. Mención del más altísimo honor a «El ciclo de la vida», el himno de mi vida porque cualquier canción de mi película favorita podría entrar en esta lista.
42. "Todos me miran" - Gloria Trevi
Todos me miran es una de esas canciones que convierten la vulnerabilidad en fuerza. Gloria Trevi la publicó en 2006 y, con una letra sobre liberarse de las miradas y expectativas ajenas, consiguió crear un himno para cualquiera que alguna vez haya sentido que tenía que esconderse para ser aceptado. La canción empieza desde la herida y termina en celebración, creciendo hasta ese estribillo que parece hecho para cantarlo con los brazos abiertos. Es libertad en tacones: dejar de pedir permiso para ser quien eres y descubrir que, cuando lo haces, ya no importa quién esté mirando.
43. "Rolling in the deep" - Adele
Con Rolling in the Deep, Adele convirtió el desamor en una fuerza casi física. Publicada en 2010 como primer sencillo de 21, mezcla soul, góspel y blues para construir una canción que comienza contenida y acaba ardiendo. Su voz no necesita adornos: cada subida parece llevar acumulada toda la rabia de alguien que ha decidido que ya no va a quedarse callado. Es fuego después de una ruptura, esa energía que aparece cuando el dolor deja de paralizarte y empieza a empujarte hacia delante. Uno de estos temazos para cantar a pleno pulmón hasta el final. Os recomiendo especialmente la versión en directo de «An Audiencie with Adele» y si queréis llegar a un nivel extremo, la versión de Aretha Franklin.
44. "Disfruto" - Carla Morrison
Disfruto es probablemente una de las formas más bonitas y sencillas de decir “te quiero” que ha dado la música latinoamericana reciente. Es un dulce, un regalo, una experiencia, una joya brillante. Carla Morrison la publicó en 2013 y construyó alrededor de una melodía delicada una canción que no necesita grandes declaraciones: simplemente disfruta de estar junto a la persona amada. Su voz cercana hace que parezca cantada al oído, casi como un secreto. Es ternura sin artificios, una canción que demuestra que a veces el amor más profundo también puede ser el más tranquilo. De esas canciones que merece la pena escuchar bajito.
45. "A tu vera" - Lola Flores
Una de esas canciones que parecen hechas para que una artista como Lola Flores las convierta en algo mucho más grande que una simple canción de amor. Compuesta por Rafael de León y Juan Solano, se convirtió en uno de los grandes clásicos de la copla y en una de las interpretaciones más recordadas de La Faraona. Lola no canta el amor desde la calma, sino desde la entrega absoluta: estar al lado de alguien aunque duela, aunque cueste, aunque todo parezca ir en contra. Es devoción convertida en canción, de esas que parecen arder mientras las escuchas.
46. "And I'm telling you I'm not going" - Jennifer Hudson
Nacida en el musical Dreamgirls, esta canción es uno de esos números que ponen a prueba hasta a las voces más poderosas. Jennifer Hudson la convirtió en una de sus grandes interpretaciones al llevarla al cine en 2006, y lo extraordinario no es solo la potencia vocal: es la sensación de estar escuchando a alguien que se niega a aceptar el final. Cada subida parece llevar la emoción un poco más lejos hasta desembocar en pura desesperación. Es una súplica convertida en huracán, una de esas canciones que te dejan agotado aunque solo estés sentado escuchándola.
47. "Así fue" - Isabel Pantoja con la Orquesta de Juan Gabriel
Juan Gabriel escribió Así fue, pero fue Isabel Pantoja quien convirtió su interpretación en uno de los grandes monumentos al desamor de la música en español. Mi versión favorita, acompañada por la orquesta dirigida por el propio Juan Gabriel, tiene una teatralidad extraordinaria: empieza casi como una confesión y termina desbordada por la emoción. No hay manera de escucharla desde la indiferencia. Es una despedida que todavía ama, una canción en la que el orgullo, los celos, el recuerdo y el dolor se sientan juntos a la misma mesa. Y cuando Isabel llega al final, ya no queda corazón que no haya pasado por allí. Como poco, te deja roto y en el suelo, porque los solos de trompeta, el temple de la Pantoja y la versión en general son de otro planeta.
48. "Unethical" - Faouzia
Faouzia construye en Unethical una gran desconocida canción de desamor contemporánea que parece vivir entre la vulnerabilidad y la rabia. Su voz, capaz de pasar de la delicadeza a una potencia impresionante, convierte la sensación de estar atrapado en una relación que ya no debería continuar en algo casi físico. No hay resignación: hay conciencia de que aquello hace daño y, aun así, cuesta soltarlo. Es una herida que sabe que debe cerrarse, pero todavía no ha aprendido cómo hacerlo. Una vez que la escuchas y la sientes, no te la puedes quitar de la cabeza, y si podéis encontrar una versión en directo, mucho mejor.
49. "La llave al mar" - María Peláe y Mª José Llergo
¿Cómo no iba a meter yo a mi paisana «Mariquilla» en este dúo rompedor? La llave al mar (Según Sta. Maribel) es una colaboración de María Peláe y María José Llergo, publicada en 2025 como parte del discazo El Evangelio. La canción mezcla raíz flamenca e instrumentación contemporánea para hablar del arte, el amor y esa necesidad casi física de volver a casa. Una de las canciones más bonitas que se han hecho, bajo mi punto de vista, tiene algo antiguo y nuevo al mismo tiempo, como si dos voces actuales estuvieran rescatando una emoción que siempre hubiera estado ahí. Escucharla es sentir el mar delante y la casa a la espalda, esa mezcla de libertad, nostalgia y pertenencia que hace que una canción termine pareciendo un lugar. Seguramente no la hayas escuchado, pero, por favor, hazlo.
Y además, necesito hacer una mención especial hablando de María José Llergo de “Nana del Mediterráneo”. Forma parte de Sanación y tiene precisamente esa capacidad de convertir el Mediterráneo en algo más que un paisaje: en memoria, raíces y refugio. Un tema que te mete dentro desde el inicio y te arrastra durante toda la canción.
¡50! "Berghain" - Rosalía
Aunque podría haber elegido literalmente cualquier tema de esta grande de la música contemporánea, como Sexo, violencia y llantas, Un mundo nuevo, Pienso en tu mirá o Bagdad, me he decantado por esta obra maestra que se estudiará en el colegio a su debido tiempo. En este sencillo de su último álbum LUX, Rosalía se adentra en un territorio mucho más oscuro y experimental en una de las piezas más sorprendentes de su carrera que no deja a nadie, pero nadie, indiferente. Entre la orquesta, los coros y una interpretación que parece moverse entre el pop, la música clásica y la ópera, la canción no busca una escucha cómoda: busca provocar. Y quizá ahí esté su grandeza. Es desconcierto, oscuridad y belleza al mismo tiempo, una de esas canciones que terminan y te dejan unos segundos en silencio intentando entender qué acaba de pasar. Porque quizá una lista de 50 canciones que debes escuchar antes de morir no podía terminar de otra manera: con una canción que no cierra una puerta, sino que abre otra completamente distinta.
Y así llegamos al final de este viaje por 50 canciones que merecen ser escuchadas, al menos, una vez en la vida, bajo mi opinión personal por supuesto. Una macedonia musical absolutamente maravillosa (y bastante difícil de meter en una sola estantería) en la que caben el amor, la pérdida, la nostalgia, la rabia, la libertad, la euforia, la esperanza y hasta alguna que otra lágrima.
Sé perfectamente que se han quedado muchas joyas en el tintero, porque una lista así podría tener 50, 500 o 5.000 canciones y nunca estaría completa. Pero quizá ahí esté precisamente la gracia: que estas 50 no pretenden ser las mejores, sino 50 canciones capaces de hacerte sentir algo único.
Y ahora te toca a ti: si alguna de ellas no la has escuchado todavía, hazlo antes de morir; y si ya las conocías todas, seguro que alguna te ha devuelto un recuerdo, una persona o un momento. Porque al final, la música no se mide solo en acordes, voces o melodías: se mide en todo aquello que consigue despertar cuando empieza a sonar. Y eso, probablemente, sea lo más parecido que tenemos a una canción inmortal.
¿Cuáles os han sorprendido más? ¿Cuáles pondríais sí o sí en vuestra lista? Os leo en comentarios.










