Una semana más, en La gala bajo la lupa viajamos al Caribe para analizar dos nuevos capítulos de El Conquis 2026 .
Los episodios 5 y 6 consolidan jerarquías, exponen errores de bulto y confirman que esta edición no perdona ni la confianza ni la fuerza mal gestionada. Entre victorias que empiezan a pesar, decisiones que marcan destinos y un duelo que refuerza una maldición ya evidente, la aventura entra en una fase donde cada paso empieza a tener consecuencias reales.
Capítulo 5 — Yocahu no falla y el puente señala a Otxoa
Tres programas, tres victorias. El inicio de aventura de los Yocahu empieza a adquirir tintes de dominio absoluto. El equipo de Marcela volvió a imponerse, esta vez en el exigente puente Da Vinci, y confirmó que, de momento, juegan con cabeza fría y ventaja psicológica. El premio no fue solo el campamento rico: fue la sensación de que todo les sale bien… y de que el resto empieza a jugar con miedo.
El juego tuvo más de estrategia ajena que de brillantez propia. Los Guabanes arrancaron con una estructura inestable, pero suficiente, hasta que Igor volvió a convertirse en protagonista involuntario: una caída lo cambió todo y dejó la victoria servida. En el lado Corocote, la precipitación fue letal. Intentaron correr antes de caminar y el puente colapsó una y otra vez, dejando a Carra de nuevo en el centro de las miradas incómodas.
La victoria dio paso al ritual que empieza a parecer una maldición: la cara pintada. Marcela señaló a Otxoa como el rival más fuerte del equipo perdedor, enviándolo directamente al duelo. Una decisión coherente… pero cargada de consecuencias.
En los campamentos, la tensión fue en aumento. Aritz, todavía bajo la sombra de decisiones pasadas, prometió jugar “a ganar” en las nominaciones. En el muy pobre, Carra se encontró con un muro interno: los hombres fuertes evitaron dar un paso al frente y solo Irene, directa y sin rodeos, pidió ir al duelo. Una valentía que no terminó de convencer a todos.
Con Otxoa ya sentenciado y el resto mirando de reojo, la asamblea se anunciaba como pólvora seca. El capítulo dejó además una colección de frases y escenas marca de la casa: barro, ironía, quejas absurdas y esa sensación tan Conquis de que todo es épico… aunque a veces sea puro caos.
Capítulo 6 — La maldición se cumple: Otxoa cae en el tres en raya
El duelo confirmó lo que ya empieza a parecer una ley no escrita de esta edición: quien recibe la cara pintada, acaba fuera. Por tercera semana consecutiva, la señal del capitán ganador volvió a ser una condena. Y esta vez le tocó a Otxoa.
El tres en raya no fue una prueba de fuerza, sino de cabeza… y de aliados. Los duelistas dependían por completo de quienes les ayudaban desde fuera, y ahí estuvo la clave. Galai fue el único que leyó bien el juego, esperó su momento y guió a Irene hacia una victoria que llegó más por errores ajenos que por velocidad propia. Empezó última, terminó ganando.
Aritz tampoco brilló, pero supo reaccionar a tiempo: no bloqueó cuando debía, pero sí corrigió lo suficiente para salvar a Aimar. En cambio, Carra quedó retratada una vez más. Protestas, dudas y mala gestión acabaron dejando a Otxoa sin margen. La eliminación tuvo algo de injusta… y mucho de responsabilidad compartida.
El vitoriano se marchó con deportividad, incluso con una sonrisa final, bailando antes de abandonar la aventura. Su salida fue un aviso claro para los Corocotes: aquí no hay jerarquías blindadas y cualquiera puede caer, por fuerte que parezca.
La victoria reforzó a Irene dentro de su equipo, aunque el discurso posterior dejó un poso curioso: todos hablan de valentía hasta que tienen que demostrarla. Aimar, ya a salvo, tuvo la opción de elegir rival y prefirió no exponerse. En El Conquis, el coraje suele tener público… pero pocas repeticiones.
Mientras tanto, los Yocahu siguen instalados en la fiesta del campamento rico, con la única nota discordante de la mala noche de Menen. Pero el horizonte empieza a oscurecerse: el próximo desafío por equipos será el laberinto sobre el barro, uno de esos juegos que no perdona errores ni egos.
La pregunta ya no es quién gana ahora.
Es cuándo empezará a romperse algo.










