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Henar Álvarez en prime time: talento femenino frente a mediocridad masculina

Estamos de enhorabuena por lo mínimo, como siempre. Pero contentos, sí. Porque una mujer tiene prime time en La 1. Seguramente un día a la semana. Seguramente un domingo. Pero lo tiene.

Hoy comentamos el tema de Henar Álvarez y su aterrizaje en La 1. Buscando información, he leído estas declaraciones que dijo en una entrevista: “Yo tengo un talento inmenso, pero si voy yo sola a vender este proyecto, no sale”. Y claro, aunque estoy feliz por ‘’Al Cielo con Ella’’, también he tenido que respirar unos segundos.

Henar Álvarez y su programa “Al Cielo con Ella” han dado un paso histórico al llegar a la franja de máxima audiencia de la televisión, un reconocimiento merecido tras años de trayectoria consolidando su voz como comunicadora. Como mujer politizada y a la vez amante del humor, la aparición y consolidación de Henar supone un abrazo entre tanta mediocridad masculina.

Este ascenso es algo bueno, claro. Pero también deja en evidencia cuánto talento femenino ha tenido que esperar para ocupar espacios que, de haber sido hombres, se habrían concedido mucho antes y con mayor facilidad. La televisión sigue siendo un reflejo de una sociedad que todavía asocia prime time con el género masculino. La carrera de Henar es un claro ejemplo de esta desigualdad. Como es mujer, su ascenso a La 1 es visto como un “experimento” y no como la lógica decisión de que el talento debe premiarse.

Ella combina entrevistas, humor inteligente y discurso sólido, ofreciendo conversaciones que realmente conectan con el público. Un programa que aporta no solo entretenimiento, sino un claro valor sociocultural, con rigor, sensibilidad y que genera reflexión. Al mismo tiempo, Henar representa a muchas personas que buscamos vernos reflejadas en el mundo de la comunicación. Sí, una mujer con voz propia, criterio y capacidad de liderazgo.

En cambio, con mi más sincero respeto, otros formatos populares que tienen gran visibilidad a la misma hora priorizan el entretenimiento superficial y la improvisación sin hablar de nada en concreto. Las entrevistas en estos espacios, a menudo, carecen de profundidad y se quedan vacías, con un discurso mínimo que no aporta ningún valor. Aquí, el que habla mucho, aunque diga poco, recibe los mejores espacios. Eso sí, la mujer que construye contenido real debe esperar en el banquillo, esperando a que a alguien le apetezca experimentar con la programación.

Durante años, programas como el de Henar no se han promocionado con la misma fuerza ni se han ubicado en horarios de prime time. Y sí, esto es porque una parte de la audiencia aún no está acostumbrada a cenar acompañada de una mujer en sus televisiones. La desigualdad se refleja en horarios, publicidad y recursos. Su programa ha contado durante mucho tiempo con menos recursos y menos publicidad de la que merecía, mientras que un hombre con un perfil similar habría tenido un ascenso más rápido y con mayor respaldo. Mucho ruido, cero contenido y horarios de oro que jamás merecerían si se valorara la calidad real.

Cada programa con una mujer al frente construye un referente para futuras comunicadoras, mostrando que el liderazgo femenino es tan válido, necesario y posible como el masculino. 

El ascenso de Henar y su programa es una victoria para la televisión de calidad, un recordatorio de que el talento femenino existe y merece visibilidad. Pero también una oportunidad para pensar por qué a día de hoy la programación sigue basándose en el género para decidir quién ocupa la franja de máxima audiencia. Si los horarios fueran justos, muchos programas masculinos se verían obligados a replantearse cómo entretener.

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