Carlos Cuevas, Miguel Ángel Silvestre y Miguel Bernardeau se lanzan al vacío —literal y emocionalmente— en ‘La Fiera’, la nueva película española que llega a los cines con el rugido de los que no temen mirar al abismo.
Dirigida por Salvador Calvo, este drama basado en hechos reales no es solo una historia sobre deporte extremo, es una oda a la pasión sin límites, a la hermandad que se forja en el riesgo ya ese fuego interior que no todos se atreven a mirar de frente.
La historia sigue a Carlos Suárez, interpretado con madurez por Cuevas, un joven escalador que se adentra en el mundo del salto BASE con traje de alas, una de las disciplinas más peligrosas y fascinantes que existen. Lo acompañan Darío (Miguel Ángel Silvestre), lleno de magnetismo y energía cruda, y Armando (Miguel Bernardeau), en una travesía que va mucho más allá del deporte: es una exploración de los límites físicos y emocionales del ser humano.
Lo que podría haber sido una película visualmente impactante —y lo es— se convierte en algo más gracias a un guion que entiende la tensión interna del que salta, no solo desde un acantilado, sino también desde sus propias inseguridades, dolores y vínculos rotos. Hay belleza en el vuelo, sí, pero también hay miedo, pérdida, vértigo y sobre todo, humanidad.
Los actores están sobrios. Cuevas confirma lo que ya sabíamos: que es capaz de sostener una historia con el peso que exigen los grandes dramas. Y Silvestre, en uno de sus papeles más maduros, mezcla carisma con una intensidad emocional poco común. Verlos juntos en pantalla no es solo un acierto: es un regalo.
‘La Fiera’ no es una película cómoda ni busca gustar a todos. Es cine valiente, que se lanza sin rojo, que apuesta por lo físico y lo íntimo, por la piel y el alma. Una de esas historias que te deja pensando, no solo en qué estarías dispuesto a arriesgar, sino en qué te impide saltar.
¿Te atreves a saltar al vacío?










