Sin Piedad : una distopía judicial en manos de la inteligencia artificial
Este viernes ha llegado a los cines españoles Sin Piedad , una película que mezcla thriller, ciencia ficción y drama judicial con la suficiente tensión como para mantenerte en el filo de la butaca durante hora y media. Una propuesta que no solo entretiene, sino que deja en el aire preguntas incómodas sobre nuestro futuro inmediato.
En un 2029 no tan lejano, donde las máquinas han asumido funciones clave en el sistema judicial, un detective despierta en mitad de una pesadilla: acusado del asesinato de su esposa y juzgado por un sistema de inteligencia artificial que él mismo ayudó a crear. A partir de ahí, comienza una carrera contrarreloj —90 minutos de pura adrenalina— para demostrar su inocencia ante una jueza sin alma, pero con capacidad de decisión final.
‘Sin Piedad’, dirigida por Timur Bekmambetov, apuesta por un ritmo trepidante y un montaje nervioso que recuerda por momentos a clásicos del cine de acción de los 90, pero con una estética futurista limpia, aséptica, casi quirúrgica. La presencia de Chris Pratt en el papel protagonista aporta ese punto de carisma y humanidad que equilibra la frialdad del entorno que lo rodea. Frente a él, Rebecca Ferguson encarna a una jueza IA tan hipnótica como inquietante, convertida en símbolo de una justicia automatizada y deshumanizada.
La película no oculta sus referentes. Hay ecos de ‘Minority Report’ , ‘Gattaca’ e incluso ‘Yo, Robot’ , pero ‘Sin Piedad’ se desmarca con una historia que, aunque no reinventa el género, consigue abrir debates éticos muy actuales: ¿es posible confiar ciegamente en la tecnología cuando lo que está en juego es la vida de un ser humano?
Para quienes disfrutamos del cine como herramienta para pensar el presente —y temer el futuro—, esta película es un pequeño regalo. No es perfecto, pero sí necesario. Y lo mejor: consigue entretener mientras lanza preguntas incómodas que seguirán zumbando después de los créditos finales.
¿Es la inteligencia artificial el nuevo gran villano del cine o un espejo más de nuestros temores reales? La respuesta, como siempre, está en la sala oscura.










