Inicio / PLATAFORMAS / La muerte de Criston Cole arranca el Episodio 6 de la nueva temporada de La Casa del Dragón

La muerte de Criston Cole arranca el Episodio 6 de la nueva temporada de La Casa del Dragón

Una semana más, volvemos a alzar el vuelo sobre los cielos de Poniente para analizar un nuevo episodio de La Casa del Dragón, que sigue avanzando con paso firme en esta tercera temporada. Tras un quinto capítulo dominado por las conspiraciones, las traiciones silenciosas y el inquietante Banquete de Traidores, HBO Max vuelve a cambiar ligeramente el ritmo para entregarnos un episodio que deja atrás muchas piezas del tablero y coloca otras nuevas de cara al desenlace de la guerra.

Lejos de centrarse únicamente en grandes batallas o espectaculares enfrentamientos entre dragones, este sexto episodio apuesta por las consecuencias de todas las decisiones tomadas hasta ahora. La guerra continúa cobrándose víctimas, pero también empieza a desgastar la moral de quienes aún siguen luchando por ella. Algunas historias llegan a su final, otras comienzan a transformarse y muchas de las alianzas que parecían inquebrantables empiezan a mostrar importantes grietas.

Mientras Rhaenyra intenta mantener unido un reino que parece resquebrajarse desde dentro, la amenaza de Ormund Hightower continúa creciendo lejos de Desembarco del Rey. Daeron empieza a asumir el papel que su tío ha preparado para él, Aegon continúa buscando una forma de regresar al tablero y los últimos apoyos de ambos bandos comienzan a preguntarse si realmente merece la pena seguir derramando sangre por una guerra que parece no tener fin.

Pero, sin duda, el gran protagonista del episodio es un personaje que llevaba varias semanas caminando hacia un destino que él mismo parecía haber aceptado. Después de toda una vida marcada por el honor, la obsesión y la culpa, Ser Criston Cole encuentra el final que llevaba tiempo buscando, en una escena tan inesperada como fiel al espíritu de Fuego y Sangre, que ha provocado un enorme debate entre los seguidores de la serie. Porque, en ocasiones, las figuras más importantes de una guerra no reciben un final heroico, sino uno tan frío y repentino como la propia muerte.

¿Preparados para repasar todo lo ocurrido? Ajustad bien la silla de vuestro dragón porque regresamos, una semana más, al corazón de la Danza de Dragones.

El final de Criston Cole, cuando la muerte no entiende de héroes

Si el anterior episodio terminaba con Ser Criston Cole aceptando que su destino ya estaba escrito y emprendiendo una marcha prácticamente suicida junto a los pocos hombres que aún permanecían a su lado, este sexto capítulo no tarda ni unos minutos en confirmar lo inevitable. El antiguo Lord Comandante de la Guardia Real y Mano del Rey encuentra el final que llevaba varias semanas buscando, pero no de la forma gloriosa con la que seguramente había imaginado despedirse del mundo.

Tras encontrar un supuesto campamento enemigo completamente arrasado, Cole comprende demasiado tarde que todo forma parte de una emboscada cuidadosamente preparada por las fuerzas leales a Rhaenyra. Los soldados que parecían muertos se levantan de improviso para diezmar aún más a un ejército verde que ya caminaba completamente exhausto, y cuando el combate parece haber terminado, el caballero descubre que aquello no era más que la primera parte del plan. En apenas unos segundos, las tropas de las Tierras de los Ríos y los Lobos del Invierno rodean a los pocos supervivientes, dejando claro que aquella batalla nunca tuvo posibilidades de ser ganada.

Lo más interesante de la escena llega entonces. Criston Cole, fiel a la mentalidad caballeresca que siempre ha defendido, acepta la derrota y propone un combate singular antes de que empiece la matanza. Quiere morir espada en mano, como el caballero que siempre creyó ser. Sin embargo, la guerra hace tiempo que dejó de respetar ese tipo de códigos. Antes siquiera de terminar su desafío, varias flechas atraviesan su cuerpo y una última impacta en su rostro, acabando con la vida del hombre que durante años fue conocido como el Hacedor de Reyes. No hay duelo, no hay música heroica ni un último discurso. Solo una muerte rápida, fría y profundamente anticlimática.

Y, precisamente por eso, la escena funciona tan bien.

Durante toda la serie hemos visto a Criston Cole convertirse en uno de los personajes más odiados por buena parte del público. Pasó de ser un joven caballero honorable a un hombre consumido por el rencor, la culpa y el fanatismo, participando de forma directa en muchas de las decisiones que terminaron desencadenando esta guerra civil. Sin embargo, en sus últimos episodios también hemos asistido al derrumbe psicológico de un hombre que ya no creía en la victoria, ni siquiera en sí mismo. Después de contemplar el auténtico horror que provocan los dragones en Reposo del Grajo, comprendió que la guerra había escapado por completo del control de cualquier ser humano y que él mismo había contribuido a construir ese infierno.

Curiosamente, esta muerte también supone uno de los momentos más fieles de la temporada respecto a Fuego y Sangre. En la novela, George R. R. Martin tampoco concede a Criston Cole un final heroico ni una última gran batalla. El personaje muere de forma abrupta, sin la gloria que siempre persiguió, recordándonos una de las ideas más repetidas a lo largo de toda la saga: en una guerra, incluso los hombres más importantes pueden desaparecer en cuestión de segundos sin recibir el final épico que imaginaban. La serie modifica algunos detalles del enfrentamiento, pero mantiene intacta esa esencia que convierte su muerte en una de las más crudas y simbólicas de toda la Danza de Dragones.

Rhaenyra, una reina cada vez más acorralada por las consecuencias de la guerra

Mientras el ejército negro consigue una importante victoria con la caída de Ser Criston Cole, el reinado de Rhaenyra continúa muy lejos de vivir un momento de estabilidad. Sentarse en el Trono de Hierro ha resultado mucho más complicado de lo que imaginaba, pues cada problema que consigue solucionar parece dar paso inmediatamente a otro aún mayor. En este episodio volvemos a ver a una reina obligada a gobernar un reino completamente fracturado, donde las amenazas ya no llegan únicamente desde el exterior, sino también desde el interior de su propia corte y de la capital.

Las consecuencias del llamado Banquete de Traidores, con decenas de miembros de la Guardia de la Ciudad asesinados, siguen muy presentes en Desembarco del Rey. La desconfianza se instala definitivamente en la Fortaleza Roja y Rhaenyra comienza a comprender que los hombres de Ormund Hightower han conseguido infiltrarse entre sus muros. La guerra ya no solo se libra en los campos de batalla o sobre el lomo de los dragones; ahora también se combate mediante espías, conspiraciones y traiciones silenciosas que amenazan con desestabilizar su reinado desde dentro.

En medio de este ambiente de tensión, la reina continúa apoyándose en las personas de su máxima confianza. Daemon, Alyn, Lady Mysaria y el resto de su consejo intentan contener una situación que amenaza con escaparse de las manos, mientras Rhaenyra debe tomar decisiones cada vez más difíciles para mantener unido un bando que, aunque victorioso, empieza a mostrar signos de desgaste tras tantos meses de guerra.

El episodio vuelve a reforzar una idea que la serie lleva desarrollando desde el comienzo de la temporada: conquistar el Trono de Hierro era solo el primer paso. Lo verdaderamente complicado está siendo conservarlo. Cada jornada de reinado supone una nueva prueba para Rhaenyra, que debe demostrar no solo que era la heredera legítima de Viserys, sino también que posee la capacidad de gobernar un reino que parece desmoronarse por momentos. Mientras los verdes reorganizan sus fuerzas lejos de la capital, la nueva reina libra una batalla mucho más silenciosa, pero igual de peligrosa: impedir que el propio reino se derrumbe desde dentro.

La casa Velaryon sigue pagando el precio de una guerra que no es suya

También hay tiempo para detenerse en una de las familias que más ha sacrificado durante toda la Danza de Dragones: la Casa Velaryon. Desde el inicio de la guerra, Corlys y los suyos han perdido barcos, soldados, su castillo, a la princesa Rhaenys e incluso parte del prestigio que durante décadas convirtió a Marcaderiva en una de las casas más poderosas de Poniente. Y, como si todo ello no fuera suficiente, este episodio vuelve a ponerlos en el centro del sufrimiento.

La situación de Corlys Velaryon da un giro inesperado cuando es arrestado por los espías de Ormund Hightower cuando se encontraba victorioso tras derrotar a las pocas huestes que quedaban de los piratas de la Triarquía. La Serpiente Marina, uno de los hombres que más ha luchado para sentar a Rhaenyra en el Trono de Hierro, vuelve a verse obligado a demostrar su lealtad mientras observa cómo la desconfianza empieza a extenderse por todo el reino. Ahora habrá que ver cuáles son los planes que tienen los verdes con la captura de Corlys, pero, no hay que ser muy listo para entender que lo va a usar como chantaje.

En paralelo, la serie nos regala uno de los momentos más sorprendentes del episodio con el acercamiento entre Baela Targaryen y Alyn. Ambos personajes, que han compartido numerosas misiones desde el inicio de la temporada, terminan protagonizando un inesperado beso que abre una nueva trama para los próximos capítulos. La química entre ambos llevaba tiempo insinuándose y la adaptación decide convertir esa complicidad en un vínculo mucho más evidente, aunque habrá que esperar para comprobar qué consecuencias tendrá dentro de una familia ya profundamente marcada por las pérdidas y los conflictos sucesorios.

Por otro lado, Rhaena continúa desarrollando su propio camino lejos de Desembarco del Rey. Después de las decisiones que tomó en episodios anteriores y de todo el peso emocional que arrastra por la muerte de Jacaerys, la joven sigue buscando su lugar dentro de una guerra que parece haber cambiado para siempre el destino de todos los miembros de la familia Targaryen. Una trama que continúa avanzando poco a poco y que, viendo cómo está siendo adaptada respecto a Fuego y Sangre, promete seguir alejándose del material original en los próximos episodios.

Ormund Hightower mueve sus hilos mientras el bando verde vuelve a reorganizarse

Si algo vuelve a demostrar este episodio es que la muerte de Ser Criston Cole no significa, ni mucho menos, el final del bando verde. Mientras Rhaenyra intenta mantener unido un reino cada vez más inestable, Ormund Hightower continúa moviendo las piezas desde Ladera con la frialdad y la inteligencia política que lo han convertido en el verdadero cerebro de la resistencia verde. Su objetivo sigue siendo el mismo: consolidar la candidatura de Daeron Targaryen y devolver a su casa la iniciativa en la guerra.

El joven príncipe continúa ganando protagonismo y empieza a asumir un papel cada vez más importante dentro del ejército de Antigua. Daeron sigue mostrando un carácter mucho más noble y reflexivo que el de sus hermanos, aunque la influencia de su tío resulta cada vez más evidente. Ormund continúa moldeando al muchacho para convertirlo en el rey que él desea, utilizando la estrategia y la política mucho más que la fuerza bruta que caracterizó a Aemond o Aegon.

A este nuevo núcleo del bando verde se incorpora también Ser Gwayne Hightower, que abandona definitivamente el ejército de Criston Cole tras comprender que aquella campaña no tenía otro destino que una muerte segura. Después de varios episodios mostrando sus diferencias con el antiguo Lord Comandante, Gwayne decide regresar junto a su familia para pedir descanso tras semanas fuera esperando a Aemond, que nunca llegó.

Con Daeron ganando peso político, Ormund dirigiendo cada movimiento y la llegada de Gwayne reforzando sus filas, el episodio deja claro que la guerra está muy lejos de haber terminado. Los verdes han perdido a algunos de sus principales líderes, pero han conseguido reorganizarse alrededor de una nueva figura. Y, viendo la habilidad de Ormund para mover los hilos desde la sombra, todo apunta a que seguirá siendo uno de los mayores dolores de cabeza para Rhaenyra en los próximos capítulos.

Aegon, Larys y Tyland, el puzle a base de las piezas del antiguo reinado de los verdes

Lejos de los grandes castillos y de las decisiones que marcan el futuro del reino, Aegon continúa protagonizando una de las tramas más curiosas de la temporada. El que fuera coronado Rey de los Siete Reinos sigue escondido junto a Larys Strong, sobreviviendo como puede y dejando atrás cualquier rastro de la vida de lujos que llevó en Desembarco del Rey. La guerra ha convertido al monarca en un fugitivo, obligado a ocultar su identidad mientras intenta encontrar la manera de abandonar Poniente.

A su lado continúa Larys Strong, que vuelve a demostrar ser uno de los personajes más calculadores de la serie. Mientras Aegon se deja llevar por la frustración y el deseo de vengarse de su hermano Aemond, su antigua Mano mantiene la cabeza fría y sigue buscando el mejor camino para garantizar la supervivencia de ambos. Una vez más, es Larys quien sostiene la situación y quien parece tener siempre un plan preparado.

La gran sorpresa llega con el regreso de Tyland Lannister. Después de darlo prácticamente por desaparecido tras la Batalla del Gaznate, el antiguo Consejero de la Moneda reaparece con vida y vuelve a reunirse con Aegon y Larys. Su incorporación supone mucho más que el regreso de un personaje importante: representa el renacimiento del antiguo consejo verde, cuyos principales miembros parecían haber desaparecido tras las derrotas sufridas durante los últimos episodios.

Aunque todavía siguen siendo tres hombres perseguidos y sin ejército, la reunión de Aegon, Larys y Tyland deja entrever que la causa verde aún conserva algunas de sus mentes más brillantes. Mientras Ormund reorganiza la guerra desde Ladera y Daeron empieza a asumir protagonismo, este inesperado reencuentro demuestra que las piezas del antiguo gobierno de Aegon siguen moviéndose y que, de una forma u otra, continúan buscando la manera de recuperar el poder perdido.

Daemon Targaryen comienza su particular caza de traidores en Desembarco del Rey

Tras el macabro Banquete de Traidores con el que terminaba el episodio anterior, Daemon Targaryen toma las riendas de la situación y decide actuar por su cuenta. Consciente de que la Guardia de la Ciudad ha sido infiltrada por hombres fieles a Ormund Hightower, el príncipe consorte recorre personalmente las calles de Desembarco del Rey para descubrir quién está moviendo los hilos desde las sombras. Una vez más, Daemon demuestra que, cuando la política deja de ser suficiente, él siempre prefiere resolver los problemas con acero.

Sus pesquisas terminan dando resultado cuando consigue localizar a uno de los espías que trabajaban para el bando verde dentro de la capital. Sin demasiadas palabras y fiel a su carácter, Daemon acaba con su vida, convencido de que eliminando a los traidores conseguirá devolver la estabilidad a la ciudad. Sin embargo, antes de morir, el espía le lanza una inquietante advertencia: él no es más que una pieza prescindible y, aunque desaparezca, muchos otros continuarán infiltrados entre los muros de Desembarco del Rey, corrompiendo el gobierno de Rhaenyra desde dentro. Un aviso que deja claro que la conspiración está muy lejos de terminar.

Pero la patrulla del príncipe todavía guarda otro momento importante. Mientras recorre la ciudad, Daemon se encuentra con Ulf el Blanco, que ha desobedecido una orden directa de la reina al abandonar la Fortaleza Roja para ir a beber a una taberna. La reacción del príncipe no tarda en llegar y, delante de todo el pueblo, le propina una sonora bofetada, la segunda que recibe Ulf a lo largo de la serie. Si la primera sirvió para dejar clara la autoridad de Daemon, esta resulta todavía más humillante al producirse frente a decenas de personas, hiriendo de lleno el enorme orgullo del nuevo jinete de dragón.

Puede parecer un simple momento de disciplina militar, pero quienes hemos leído Fuego y Sangre sabemos que esta escena está sembrando una semilla para actos futuros provenientes de este personaje. La adaptación vuelve a insistir en el carácter impulsivo de Daemon y en el creciente ego de Ulf, dos personalidades destinadas a chocar tarde o temprano. Un pequeño gesto que, como tantas veces ocurre en Poniente, puede terminar teniendo consecuencias mucho mayores de las que aparenta en un primer momento.

Aemond Targaryen sigue escondido en Harrenhall y Vhagar como una amenaza invisible

Aunque muchos daban por hecho que Aemond volvería inmediatamente a la guerra tras recuperarse de las heridas sufridas en Harrenhal, el episodio nos muestra que su situación sigue siendo mucho más delicada de lo que aparenta. Gracias a los cuidados de Alys Ríos, el príncipe empieza a recuperar las fuerzas y manifiesta su intención de abandonar el castillo cuanto antes para regresar al conflicto. Sin embargo, la misteriosa bruja vuelve a ejercer su influencia sobre él y le recuerda una realidad imposible de ignorar: todo el reino lo está buscando desde que Rhaenyra prometió recompensar a quien acabara con su vida.

La propia Alys insiste en que salir ahora de Harrenhal sería prácticamente una sentencia de muerte. Los hombres de Rhaenyra peinan Poniente buscándolo y, además, Aemond continúa separado de la mayor ventaja que posee: Vhagar. De este modo, el episodio mantiene una de las incógnitas más llamativas de esta tercera temporada, pues la dragona más grande y poderosa del mundo parece haberse convertido en un auténtico fantasma.

Resulta curioso comprobar cómo nadie consigue dar con su paradero de la dragona más grande con vida. Ni Baela y Addam durante sus continuas patrullas aéreas, ni Rhaena junto a Robaovejas en su huida, ni siquiera su propio jinete saben dónde se encuentra Vhagar. La serie convierte así a la gigantesca dragona en un personaje casi invisible, cuya sola ausencia condiciona los movimientos de ambos bandos y mantiene en vilo a todos los implicados en la guerra.

El momento más sorprendente de esta trama llega cuando Alys decide mostrarle a Aemond un antiguo secreto oculto entre los muros de Harrenhal: varios huevos de dragón que permanecen escondidos desde hace generaciones. La bruja explica que pertenecieron a la princesa Rhaena Targaryen —la hija del rey Aenys I y jinete de Fuegoensueño—, quien residió durante muchos años en Harrenhal tras las tragedias que marcaron su vida. Durante aquella estancia, su dragona puso varias nidadas de huevos que permanecieron olvidadas en el castillo durante décadas, hasta el punto de que muchos creían que habían desaparecido para siempre.

La escena, además de ampliar la historia de los Targaryen, vuelve a demostrar que Harrenhal sigue siendo uno de los lugares más misteriosos de Poniente. Entre visiones, maldiciones, brujería y ahora huevos de dragón ocultos desde hacía casi un siglo, el castillo continúa guardando secretos que podrían tener un enorme peso en el futuro de la serie. Mientras tanto, Aemond permanece allí, recuperando fuerzas y esperando el momento adecuado para volver a una guerra que, sin Vhagar a su lado, parece mucho más incierta que nunca.

Y así llegamos al final de un episodio que, sin hacer tanto ruido como otros más espectaculares, consigue mover prácticamente todas las piezas importantes del tablero. La muerte de Criston Cole ha dejado huérfano al ejército verde y obliga a Gwayne Hightower a ponerse definitivamente bajo el mando de Ormund, que ya actúa como el auténtico líder de su bando. Mientras tanto, Daeron empieza a asumir un protagonismo que parecía impensable hace apenas unos capítulos, Aegon continúa su huida lejos de Poniente con un reducido pero valioso grupo de aliados, y Rhaenyra sigue comprobando que gobernar un reino devastado resulta mucho más complicado que conquistarlo.

En el lado negro tampoco reina la calma. Daemon continúa descubriendo que la corrupción sembrada por Ormund se extiende mucho más allá de unos pocos espías, mientras que la humillación pública de Ulf el Blanco siembra una semilla que los lectores de Fuego y Sangre conocemos demasiado bien y que, de mantenerse el rumbo de la historia, podría terminar teniendo consecuencias devastadoras. Al mismo tiempo, Corlys Velaryon apresado por Ormund para todos sabemos qué, Alyn y  Baela más unidos que nunca como un dragón que resurge de las cenizas de la Casa Velaryon.

Por su parte, Aemond permanece oculto en Harrenhal recuperándose de sus heridas bajo la tutela de Alys Ríos. La misteriosa bruja vuelve a demostrar que sus intenciones son mucho más profundas de lo que aparentan y el descubrimiento de los antiguos huevos de dragón conservados desde los tiempos de la princesa Rhaena Targaryen añade un inesperado componente histórico y simbólico a una trama cada vez más enigmática. Mientras tanto, Vhagar continúa desaparecida, convirtiéndose casi en un fantasma sobrevolando Poniente: todos la buscan, nadie consigue encontrarla y su ausencia mantiene en vilo tanto a verdes como a negros.

En definitiva, este sexto episodio apuesta por una narrativa mucho más estratégica que espectacular. Apenas hay grandes batallas, pero sí decisiones, alianzas, traiciones y movimientos que cambiarán el rumbo de la Danza de los Dragones. HBO Max sigue construyendo poco a poco el siguiente gran enfrentamiento mientras coloca a cada personaje exactamente donde necesita estar antes de que la guerra vuelva a estallar con toda su fuerza. Y si algo nos ha enseñado esta serie desde su primera temporada, es que en Poniente los capítulos aparentemente tranquilos suelen ser los que preparan las tormentas más devastadoras. Estoy convencido de que, después de todo lo sembrado esta semana, el próximo episodio volverá a incendiar los cielos de los Siete Reinos.

¿Y a vosotros qué os ha parecido el capítulo de esta semana? ¿Cuáles serán las consecuencias de los hilos que ha movido Ormund? ¿Cuál será el destino de Corlys Velaryon, ahora que está apresado?

Etiquetado:

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.