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La impresionante Batalla de Ladera cierra la tercera temporada de La Casa del Dragón con muertes importantes

¡Madre mía de mi vida! Si los fans de la serie se quejaron del descafeinado final de la Temporada 2 de La Casa del Dragón, HBO Max y los creadores de la serie claramente han decidido que esta vez necesitábamos una buena dosis de cafeína. Y vaya si nos la han dado.

Como ya vislumbrábamos en el episodio anterior, la Temporada 3 de La Casa del Dragón ha terminado por todo lo alto con una impresionante batalla digna del final de cualquier gran serie de fantasía: la Batalla de Ladera. El asedio que Ormund Hightower comenzó a principios de temporada llega finalmente a su desenlace cuando el bando negro se ve obligado a mover ficha después de recibir el macabro mensaje de un Corlys Velaryon prisionero y con un dedo amputado como única prueba de que continúa con vida. Rhaenyra, con la paciencia agotada y cada vez más consciente de que la guerra parece no tener fin, decide que ha llegado el momento de acabar con todo y recuperar la paz que tanto necesita su reinado.

Y si algo nos deja este episodio es una cantidad de pérdidas que cuesta incluso asimilar. Personajes que durante esta temporada habían comenzado a ganar un enorme protagonismo abandonan definitivamente el tablero y no estarán en la cuarta y última temporada, como Ormund Hightower, Roderick Dustin o Helaena Targaryen. Pero ellos no serán los únicos: Cat, la mujer de Hugh Martillo, y hasta el mismísimo Septón Supremo caen también en un episodio que demuestra, una vez más, que en la Danza de Dragones nadie está realmente a salvo.

El capítulo nos mantiene con el corazón en un puño hasta sus últimos minutos y consigue dejarnos con ese inevitable «wow» en la cabeza cuando aparecen los créditos. Una batalla espectacular, sí, pero también una historia sobre las consecuencias humanas de una guerra que vuelve a demostrar que detrás de cada victoria hay cadáveres, familias rotas y heridas que tardarán mucho en cerrarse.

La tercera temporada llega así a su final dejando el tablero completamente cambiado y con la tensión por todo lo alto de cara a la cuarta y última temporada. ¿Qué ocurrirá después de la Batalla de Ladera? ¿Quiénes conseguirán sobrevivir a las consecuencias de todo lo ocurrido? ¿Y qué precio tendrá que pagar Rhaenyra por la victoria? Si todavía no has visto el episodio, atención porque a partir de aquí llegan todos los spoilers. Si ya lo has visto, prepara un buen trago de vino de El Rejo, porque tenemos muchísimo que comentar. ¡Alzamos el vuelo por última vez esta temporada!

Las consecuencias de la "Resurrección" de Aegon y su dragón en el bando negro

El anterior episodio terminaba con la vuelta a la vida metafórica de Aegon Targaryen y su dragón Fuegosolar, dados ambos por muertos durante semanas. Pues bien, al comienzo de este capítulo vemos cómo la noticia llega rápidamente a oídos de la Reina Rhaenyra y de su consorte, el príncipe Daemon, que ya se encuentra preparando todo para la inminente Batalla de Ladera.

En un nuevo arrebato de impotencia después de todos los obstáculos que ha encontrado desde que se sentó en el Trono de Hierro, Rhaenyra termina rompiéndose y comienza a cuestionarse si realmente está haciendo lo correcto. La reina llega incluso a culpar a su propio padre, Viserys, pues considera que fueron sus últimas palabras las que dejaron a los verdes el camino abierto para iniciar una guerra que ahora parece imposible de detener. Daemon consigue calmarla y trata de devolverle la confianza, recordándole todo lo que pueden conseguir y asegurándole que Aegon poco puede hacer con un dragón tan gravemente herido. Para él, la victoria en Ladera parece clara y promete a Rhaenyra que, cuando termine el día, los Hightower habrán caído de una vez por todas.

Pero esta impotencia también termina afectando a quienes están a su alrededor. Baela se enfrenta directamente a Rhaenyra y le reprocha cómo está gestionando los refuerzos y la poca atención que presta a aquellas piezas que no considera decisivas para la guerra. La princesa le recuerda que ella también ha perdido su futuro al morir Jacaerys, mientras que su hermana Rhaena permanece encerrada después de todo lo ocurrido con Robaovejas. Una conversación que vuelve a poner sobre la mesa el coste que la guerra está teniendo incluso para quienes no ocupan el centro del tablero.

Mientras tanto, los protagonistas del episodio anterior llegan a Harrenhall en una escena especialmente llamativa por lo mucho que se aleja de los acontecimientos narrados en Fuego y Sangre. Allí asistimos al enfrentamiento entre los dos hermanos Targaryen. Aegon, que por fin comienza a comportarse como el hermano mayor y el rey que nunca llegó a ser, aterriza en las ruinas del castillo con un único objetivo: imponerse ante Aemond y enfrentarse a él por todo lo que le ha hecho.

Sin embargo, el tiempo que Aemond ha pasado junto a Alys Ríos ha conseguido ablandarlo y sacar a la superficie todos los miedos que escondía bajo su coraza. Con Vhagar todavía desaparecida, el Tuerto recibe a su hermano de rodillas, mostrando por primera vez un miedo y un arrepentimiento que contrastan completamente con el Aemond que hemos visto durante buena parte de la serie. Aegon, sin embargo, no está dispuesto a perdonarlo. Sabe que todavía puede utilizarlo a su favor y comprende que tener a su hermano y a Vhagar de su lado puede marcar la diferencia en Ladera.

Por eso, el nuevo Aegon juega sus cartas: le promete a Aemond que solo lo perdonará si lucha junto a él en la batalla y consiguen derrotar al bando negro para recuperar el Trono de Hierro. Por primera vez vemos a un Aegon decidido, calculador y dispuesto a ejercer como rey. Después de una temporada entera huyendo de su destino, el Usurpador parece haber encontrado finalmente la determinación que siempre le faltó. Pero, ¿será suficiente esta determinación para derrocar al bando negro? Tendremos que esperar a la siguiente y última temporada.

El último intento de paz de Gwayne Hightower antes de que Ladera y su Casa ardan

Justo antes de que estalle la Batalla de Ladera, La Casa del Dragón nos regala uno de esos momentos que recuerdan que las guerras también pudieron evitarse. El protagonista inesperado es Gwayne Hightower, quien, cansado de ver cómo su familia camina hacia una muerte casi segura, decide actuar a espaldas de Ormund para intentar detener el derramamiento de sangre.

Con el consentimiento de un dubitativo Daeron, Gwayne libera a Corlys Velaryon y acude al campamento negro para reunirse con Daemon Targaryen. Su propuesta no resulta descabellada: devolver al prisionero, evitar la batalla y dividir Poniente en dos grandes bloques, permitiendo que los Hightower gobiernen Antigua como un reino independiente mientras Rhaenyra reina sobre el resto de los territorios que le son fieles. Incluso plantea un matrimonio entre Daeron y Rhaena como símbolo definitivo de reconciliación entre ambos bandos.

Sin embargo, Daemon deja claro que aquella guerra hace mucho que dejó de ser únicamente una lucha por el Trono de Hierro. Para el príncipe, la caída de la Casa Hightower es tan importante como la propia victoria, y con la superioridad militar y el dominio de los dragones de su lado, no está dispuesto a conceder ninguna salida honorable. Rechaza el acuerdo, recupera a Corlys y recuerda a Gwayne que la batalla es ya inevitable.

Mientras el intento de paz se desvanece, el plan maestro de Ormund comienza a resquebrajarse desde dentro. Su gran baza, Ulf el Blanco, ha desaparecido misteriosamente cuando más lo necesitaba, desatando la ira del Señor de Antigua, que comprende que su estrategia puede venirse abajo en el peor momento posible.

Por su parte, Daeron toma una decisión que termina de definir quién es realmente. Harto de ser utilizado como una pieza política por su tío, decide montar a Tessarion para luchar, no por ambición ni por la corona, sino por proteger a la gente inocente que pagará el precio de la batalla. Gwayne intenta convencerlo de que huya y sobreviva, pero el joven príncipe rechaza marcharse: igual que Criston Cole antes que él, prefiere afrontar su destino antes que vivir con la etiqueta de cobarde. Y es entonces cuando los cuernos de guerra resuenan sobre Ladera y comienza, por fin, la batalla que toda la temporada llevaba preparando.

El camino de las Reinas, separado por la guerra

Mientras los hombres de ambos bandos se enfrentan en Ladera o intentan recomponer sus relaciones en Harrenhall, las mujeres de la Danza de Dragones siguen sus propios caminos, enfrentándose a una guerra que también ha decidido por ellas. Rhaenyra, Helaena y Alicent, tres reinas unidas por la sangre, la familia y el conflicto, llegan al final de esta temporada siguiendo caminos completamente diferentes.

Rhaenyra, cansada de que la Fe de los Siete cuestione continuamente su legitimidad, decide que ha llegado el momento de dejar de pedir permiso. Acompañada por el ejército Velaryon de Alyn y por su hijo Joffrey, se presenta ante el Septo de Baelor dispuesta a ser coronada ante el pueblo. Allí vuelve a encontrarse con un Septón Supremo que no reconoce su autoridad y que utiliza el regreso de Aegon y Fuegosolar como una supuesta señal divina a favor del Usurpador. La respuesta de Rhaenyra es contundente: comprende que la Fe nunca estará de su lado y ordena a Alyn acabar con la vida del Septón Supremo.

La decisión rompe definitivamente el delicado equilibrio entre la Corona y la Fe, pero Rhaenyra ya no parece dispuesta a seguir siendo misericordiosa con quienes cuestionan su derecho al Trono de Hierro. Después, ante el pueblo de Desembarco del Rey, pronuncia un discurso en el que reivindica el legado de los Targaryen, la sangre valyria que corre por sus venas y la profecía que Viserys le transmitió. Rhaenyra no solo reclama ser la legítima reina: se presenta ante todos como la figura destinada a cumplir la profecía del Príncipe que fue prometido. Una declaración de poder que deja claro que la reina que comenzó la temporada intentando reconstruir un reino roto ha terminado aprendiendo a imponerse sobre quienes se interponen en su camino.

Mientras tanto, el destino de Helaena es infinitamente más trágico. Embarazada de Maelor y cada vez más aislada, la reina permanece sumida en una profunda depresión. Se niega incluso a comer como forma de rebelión ante una vida en la que siente que todos deciden por ella. Entregó Desembarco del Rey creyendo que aquello supondría su libertad y, sin embargo, su cautiverio no ha hecho más que empeorar. Helaena, que durante toda la temporada había parecido una pieza secundaria, termina convirtiéndose en una de las figuras más trágicas de la Danza.

Su final llega ante una ventana que, siglos después, se convertirá en uno de los lugares más reconocibles de Juego de Tronos. Allí, acompañada únicamente por el tapiz que ha estado tejiendo mientras sus sueños le muestran fragmentos del futuro, Helaena decide acabar con su vida y se precipita desde la Fortaleza Roja hasta encontrar la muerte sobre las picas. La serie adelanta así un acontecimiento que en Fuego y Sangre sucede de otra manera y mucho más tarde, eliminando además todo el recorrido posterior de Maelor. Una decisión que vuelve a demostrar hasta qué punto esta adaptación está construyendo su propia versión de la Danza de Dragones y que nos muestra el final de un gran personaje al que le hemos cogido mucho cariño.

Y mientras todo esto sucede, Alicent la Reina Viuda se encuentra lejos de su hija, regresando de Harrenhall, sin saber todavía que acaba de perderla. Entonces, una bandada de mariposas azules aparece a su alrededor y transforma uno de los momentos más tristes de la temporada en una escena cargada de simbolismo. Durante episodios hemos visto a Helaena rodeada de imágenes, sueños y símbolos relacionados con su transformación. Ahora, la oruga que parecía atrapada en su propio capullo finalmente ha alzado el vuelo. Helaena muere, sí, pero las mariposas parecen representar que, por fin, ha conseguido escapar de las cadenas que la habían convertido durante toda su vida en una pieza más del tablero. Una despedida silenciosa de una reina que nunca quiso serlo y que, al final, encuentra en la muerte la libertad que la guerra nunca quiso concederle.

La inevitable e increíble Batalla de Ladera da comienzo con los Lobos del Invierno

Como ya comentábamos al comienzo de este artículo, el final de la segunda temporada dejó a muchos seguidores de La Casa del Dragón con la sensación de que faltaba algo. Después de una temporada entera preparando la guerra, nos quedamos esperando una gran batalla que nunca llegó. Por eso, lo que HBO Max nos ha regalado ahora es exactamente lo contrario: una Batalla de Ladera espectacular, cruel, caótica y con unas consecuencias que van a marcar para siempre el futuro de la Danza de Dragones.

Después del intento fallido de Gwayne Hightower por alcanzar la paz, Daemon Targaryen da finalmente la orden de atacar. Sin embargo, la victoria que parecía prácticamente asegurada para el bando negro no va a ser tan sencilla. Ormund Hightower, fiel a su manera de entender la guerra, vuelve a demostrar que la astucia puede convertirse en un arma tan peligrosa como un dragón. Para frenar el avance enemigo, coloca incluso a niños en las primeras líneas de defensa como un cobarde, obligando a los hombres de Rhaenyra a combatir con mucha más cautela para evitar una auténtica masacre entre civiles.

Pero ni siquiera esta estrategia consigue detener a los ejércitos negros. Los Lobos del Invierno, con sus tambores de guerra y su característica ferocidad, son los primeros en lanzarse contra las defensas de Ladera, mientras el ejército de las Tierras de los Ríos, dirigido por Oscar Tully y Aly la Negra, busca un segundo acceso a la ciudad. Con la ayuda de Caraxes y utilizando el fuego de forma calculada para no arrasar a la población, las tropas consiguen penetrar en Ladera por varios frentes. Todo parece indicar que la victoria está cada vez más cerca.

Y entonces aparece la carta que Ormund llevaba toda la temporada guardándose bajo la manga: Ulf el Blanco y Ala de Plata. El problema es que el nuevo jinete de dragón llega tarde, muy tarde. Mientras los ejércitos ya están combatiendo, Ulf sigue desaparecido y Daemon y Ormund lo buscan desesperadamente. Finalmente lo encuentran borracho y escondido en una letrina, una imagen absolutamente delirante para alguien que acaba de convertirse en jinete de uno de los dragones más poderosos de Poniente. Pero cuando por fin monta a Ala de Plata, el borracho se convierte en una auténtica máquina de destrucción y sigue las órdenes de Ormund, lanzándose contra las tropas de las Tierras de los Ríos y poniendo la batalla patas arriba.

Mientras los ejércitos negros penetran cada vez más profundamente en Ladera, sus objetivos están claros: encontrar a Ormund y Daeron y acabar definitivamente con la resistencia Hightower. Y precisamente entonces asistimos a uno de los grandes enfrentamientos del episodio. Roderick Dustin, el temible Lobo del Invierno, consigue localizar a Ormund y ambos se enfrentan en un combate cuerpo a cuerpo tan salvaje como inesperado. El Señor de Antigua logra cortarle un brazo a Roderick, pero el Lobo no está dispuesto a caer solo y consigue atravesarlo por la espalda. Ambos quedan malheridos, prácticamente condenados, aunque todavía queda una última sorpresa.

Porque Ulf el Blanco está harto. Harto de que los verdes lo desprecien, harto de que los negros tampoco lo respeten y, sobre todo, harto de que tanto Ormund como Daemon lo hayan humillado. Así que decide hacer lo que le viene en gana y ordena a Ala de Plata atacar las propias defensas de Ladera. El fuego del dragón termina consumiendo a los combatientes y acaba también con la vida de Roderick Dustin y Ormund Hightower. Dos personajes fundamentales de esta temporada encuentran así su final al mismo tiempo, víctimas de un fuego que ya nadie parece capaz de controlar.

Las llamas de Ala de Plata comienzan entonces a extenderse por las calles de Ladera y la imagen resulta inevitablemente familiar para cualquier espectador de Juego de Tronos: un dragón sobrevolando una ciudad y convirtiendo sus calles en un infierno. La diferencia es que aquí el fuego no responde a una orden de conquista, sino al caos absoluto de una guerra en la que ni siquiera los propios aliados parecen saber ya quién está de su lado.

En medio de este desastre aparece Hugh Martillo a lomos de Vermithor. Su única preocupación es encontrar a su mujer y ponerla a salvo, pero llega demasiado tarde. Cuando alcanza su casa, únicamente encuentra su cadáver. La guerra que comenzó como una lucha de reyes y reinas vuelve a mostrarnos así su verdadero rostro: hombres y mujeres corrientes pagando con su vida las decisiones de quienes se disputan una corona.

Con Ormund muerto y el ejército Hightower prácticamente desintegrado, Gwayne consigue sobrevivir a las llamas, pero su única preocupación ahora es encontrar a Daeron. El príncipe ha desaparecido en medio de la batalla y nadie sabe si continúa con vida. Y esa incertidumbre es precisamente la que nos deja la serie cuando el humo comienza a disiparse.

Finalmente, llega Corlys Velaryon con algunos de los hombres fieles a Daemon y consiguen sacarlo de Ladera y ponerlo a salvo. La ciudad queda devastada, los Hightower han sido prácticamente derrotados y el bando negro consigue una victoria decisiva. Pero no hay celebración posible. La Batalla de Ladera deja demasiados cadáveres, demasiadas familias rotas y demasiadas preguntas sin respuesta.

Porque sí, Rhaenyra ha conseguido una de las mayores victorias de la Danza de Dragones. Pero, una vez más, Poniente ha demostrado que en esta guerra nadie gana realmente. Solo hay supervivientes.

La verdadera historia de Alys Ríos: una superviviente del ataque de Harrenhall

Entre toda la locura que hemos vivido en este último episodio, La Casa del Dragón también ha tenido tiempo para resolver uno de los grandes misterios que nos acompañaba desde que conocimos a Alys Ríos: ¿quién es realmente esta mujer?

La bruja de Harrenhall siempre ha sabido demasiado. Sus visiones, sus misterios y esa capacidad para meterse en la cabeza de quienes pasan por el castillo nos han hecho preguntarnos durante toda la temporada de dónde viene y, sobre todo, cómo es posible que siga teniendo el mismo aspecto después de tantos años. Uno de los misterios de la historia de Poniente.

Pues bien, parece que por fin tenemos la respuesta.

Alys le cuenta a Aemond que su historia comienza en Harrenhall, pero mucho antes de la Danza de Dragones. Concretamente, en tiempos de Harren el Negro, el hombre que construyó la enorme fortaleza que lleva su nombre y que terminó viendo cómo Balerion el Terror Negro reducía el castillo a cenizas después de negarse a rendirse ante Aegon el Conquistador.

Sin embargo, no todos murieron aquella noche.

Según cuenta Alys, un niño de la familia consiguió sobrevivir, aunque quedó gravemente quemado. Su madre, desesperada por salvarlo, recurrió a la magia negra cuando los maestres ya no podían hacer nada por él. El niño terminó muriendo, pero aquella magia cambió para siempre a la mujer que había intentado salvarlo.

Y aquí está el detalle importante: Alys no llega a decirlo directamente, pero todo apunta a que esa mujer era ella.

Es decir, nuestra misteriosa Alys Ríos podría llevar nada más y nada menos que un siglo viviendo en Harrenhall. De ahí que Aemond se quede completamente sorprendido cuando se da cuenta de que algo no encaja: han pasado cien años desde la Conquista y Alys sigue prácticamente igual.

Y, de repente, la mujer que llevaba toda la temporada apareciendo como una misteriosa bruja de Harrenhall adquiere una nueva dimensión. Alys no solo conoce la historia del castillo: forma parte de ella desde sus orígenes.

Después de esta revelación, ya no volveremos a mirar Harrenhall ni a su misteriosa habitante de la misma manera.

Y así llegamos al final de una tercera temporada de La Casa del Dragón que nos ha dejado absolutamente de todo. Intrigas, traiciones, alianzas inesperadas, dragones, muertes, resurrecciones, visiones, coronaciones y, finalmente, una Batalla de Ladera que ha puesto el broche que necesitábamos después de una segunda temporada que nos dejó con ganas de mucho más. HBO Max nos ha regalado un cierre espectacular que demuestra que la Danza de Dragones está lejos de haber terminado.

La victoria del bando negro en Ladera cambia por completo el tablero, pero ni mucho menos significa que Rhaenyra haya ganado la guerra. Los Hightower han sufrido un golpe durísimo con la muerte de Ormund y buena parte de su ejército, pero Aegon ha vuelto de entre las cenizas junto a Fuegosolar, Aemond continúa vivo y Daeron ha desaparecido tras la batalla. Y, mientras tanto, Rhaenyra ha tomado decisiones cada vez más contundentes que pueden terminar pasándole factura, especialmente después de enfrentarse directamente a la Fe de los Siete y ordenar la muerte del Septón Supremo.

Por si fuera poco, la muerte de Helaena deja otra herida enorme dentro de la familia Targaryen. Su historia ha sido una de las más especiales de esta temporada y su último vuelo, acompañado por esas mariposas azules que rodean a Alicent, nos deja una de las escenas más simbólicas y bonitas de toda la serie. Una despedida que cierra la transformación de un personaje que ha pasado de ser una pieza más del tablero a convertirse en una de las figuras más importantes de esta historia.

Y ahora toca esperar. Porque la cuarta y última temporada, prevista para 2028, tendrá que responder a muchísimas preguntas. ¿Qué ocurrirá con Daeron después de su desaparición? ¿Conseguirá Aegon recuperar el Trono de Hierro? ¿Qué hará Aemond ahora que su hermano ha vuelto? ¿Podrá Rhaenyra mantener el control después de todas las decisiones que ha tomado? ¿Qué papel tendrán Daemon, Baela, Rhaena, Corlys y Alyn en el desenlace? ¿Y qué será de Alys Ríos y sus misteriosos poderes?

Son demasiadas preguntas y, por suerte, todavía nos queda una última temporada para descubrir las respuestas. La Danza de Dragones ha dejado de ser una guerra por una corona para convertirse en una lucha por la supervivencia de una familia que cada vez está más cerca de destruirse a sí misma.

Y antes de cerrar definitivamente este análisis, permitidme una pequeña licencia personal. Porque, me gustaría decir que ha sido un auténtico privilegio poder vivir esta temporada semana tras semana y tener la oportunidad de comentarla, analizarla y contárosla desde La Parabólica. Poder sentarme cada semana delante del portátil para hablar de Poniente, de los Targaryen, de los dragones y de todas esas teorías que nos han hecho disfrutar tanto de esta historia ha sido un auténtico regalazo.

Así que, de corazón, muchísimas gracias a todas las personas que habéis estado al otro lado leyendo cada artículo, compartiendo estas teorías y acompañándome durante toda la temporada. Gracias por hacer que cada semana tuviera todavía más ganas de volver a Poniente y seguir contando todo lo que ocurría en esta increíble historia.

Ahora solo queda esperar. La Danza continúa, pero nosotros tendremos que guardar nuestras espadas, apagar nuestros dragones y esperar hasta 2028 para descubrir cómo termina todo.

Nos vemos en la cuarta y última temporada. Y que los dioses antiguos y nuevos nos pillen preparados para lo que viene.

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