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Cristina Pardo se juega 20 años de credibilidad en “una mesa” que promete no aburrir

Antena 3 estrena 'La Mesa' con Cristina Pardo

Dejar una cadena después de dos décadas no es una decisión que se tome a la ligera, y mucho menos para estrenar algo tan expuesto como un programa de actualidad en prime time.

Cristina Pardo lo ha hecho, y Antena 3 ya ha enseñado sus cartas: «La Mesa» llega los miércoles con la promesa de reinventar un formato que, en la televisión española, tiene más fracasos que éxitos a sus espaldas.

El problema que Atresmedia dice haber resuelto

La pregunta que se hicieron desde la dirección de programas de Atresmedia es la correcta, y también la más difícil de responder bien: ¿qué le ofreces a las 23:15h a alguien que ya ha visto el Telediario y sabe lo que ha pasado ese día? La respuesta oficial es «otro tono, otras historias, otros protagonistas». La respuesta real la dará la audiencia a partir del primer miércoles.

Porque el terreno no es nuevo. España ha visto nacer y morir suficientes tertulias nocturnas de actualidad como para que la promesa de «esto es distinto» suene, como mínimo, familiar. Lo que sí cambia aquí es quién se sienta al frente: alguien con veinte años de rodaje en directo y actualidad, que llega además reivindicando que quiere «rigor» sin «rigor mortis» — la frase que probablemente más se repita en las próximas semanas, para bien o para mal, según cómo funcione el programa.

Cuatro mesas para no repetirse

La estructura, al menos sobre el papel, está pensada para evitar el mayor pecado de este tipo de formatos: quedarse atascado en el mismo tono durante dos horas y media. El programa se divide en cuatro bloques bien diferenciados:

  • Actualidad con ángulo propio, no necesariamente la noticia del día.
  • Un gran invitado, con el objetivo declarado de mostrar facetas que el espectador no conoce.
  • Un bloque pensado para que el espectador se ponga en el lugar de lo que se cuenta.
  • Un cierre de tono más ligero, con humor y personajes inesperados.

Ese último punto —nada de colaboradores fijos, según ha confirmado la propia dirección del programa— es quizás la apuesta más arriesgada de todas. Renunciar a las caras conocidas de siempre da frescura, pero también obliga a construir cada semana desde cero, sin la comodidad de una plantilla ya rodada.

Empezar fuerte, para no dar tiempo a la duda

El estreno no se anda con rodeos: Vicente Vallés poniendo el análisis serio y Carlos Alsina como primer gran invitado son nombres pensados para llegar con autoridad desde el minuto uno, sin margen para que el programa se perciba como un experimento menor. Es la jugada lógica cuando te juegas visibilidad en un hueco que la cadena llevaba tiempo sin ocupar.

Lo que queda por ver es si ese arranque de peso se sostiene cuando pasen las semanas y el interés inicial se enfríe. La televisión española tiene memoria de sobra de programas de actualidad que empezaron con nombres grandes y acabaron desapareciendo antes de encontrar su sitio. «La Mesa» tiene un buen argumento de partida y una presentadora con mucho oficio detrás. Ahora le toca demostrar, semana a semana, que lo del «rigor sin rigor mortis» no se queda solo en la rueda de prensa.

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