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Benita, RTVE y la importancia de contar historias

Todas las historias tienen algo que contar, alguien que quiere contarlas y un momento concreto en el que ser contadas. Eso es precisamente lo que ha hecho RTVE al dar un paso adelante en el Día de la Visibilidad Trans con Benita, imparable. No es solo la emisión de un documental, sino un respiro y un abrazo ante tanto odio.

El documental nos deja ver el proceso de transición de Benita Castejón, pero va más allá de eso. Esta es una historia de identidad, tiempo y verdad personal. Pero quedarnos solo en eso sería ver únicamente la superficie. Esta emisión es respuesta al contexto actual de retroceso, de tensión y de vulneración de derechos humanos. En este escenario, emitir este documental es, inevitablemente, un acto político.

La historia de Benita, iniciando su transición a los 61 años, rompe la idea de que la identidad tiene una especie de fecha de caducidad que, una vez superada, te condena a no poder reconocerte jamás. Y es precisamente ahí donde el documental refleja su lado más conmovedor. Porque no solo estamos ante la historia de una persona que decide ser quien es, sino ante la evidencia de todo el tiempo que ha perdido. O, más bien, de un tiempo que le fue arrebatado.

Y así, Benita abraza a toda una generación —la tercera edad— que no tuvo la posibilidad de vivir en libertad. Personas que crecieron en contextos donde liberarse respecto a la identidad era impensable. Y en esto hay una forma de reparación simbólica.

Pero conviene no confundir visibilidad — la conseguida con el documental— con transformación. Se visibiliza un caso concreto y nos emociona. Sin embargo, la realidad fuera de la pantalla puede seguir siendo hostil.

Por eso, la pregunta importante hay que hacerla cuando acaba el documental: ¿qué hacemos con lo que acabamos de ver? ¿Cómo se traduce esa empatía en el mundo real?

Porque Benita, imparable no es solo un relato sobre identidad. Es un relato sobre memoria, sobre tiempo y sobre libertad. Sobre todas las vidas que tuvieron que esperar demasiado para empezar. Sobre todo, Benita es una historia real. Existe.

Porque contar historias como esta, en determinados momentos, también es una forma de proteger y de reparar.

Gracias, Benita.

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