La última entrega de DecoMasters dejó uno de los momentos más impactantes de la edición. Canco Rodríguez y Eduardo Casanova, una de las parejas más visibles y comentadas del concurso, dijeron adiós al talento de decoración de La 1 tras una noche cargada de enfrentamientos, desorganización y una prueba de eliminación especialmente exigente.
Su salida no solo se sorprendió por su peso en el programa, sino también por la reacción emocional que provocó entre sus compañeros, que no pudo contener las lágrimas al escuchar el veredicto del jurado.
Una prueba solidaria que destapó las grietas
La gala se organizó con un reto por equipos en la sede de la Fundación Balia por la Infancia, en Madrid. Los concursantes debían redecorar tres espacios fundamentales para el desarrollo educativo y creativo de niños y jóvenes en riesgo de exclusión social: una biblioteca, un aula multidisciplinar y un teatro.
El presupuesto, de 5.000 euros por equipo, obligaba a combinar creatividad con responsabilidad. Mientras el equipo liderado por Lucía Dominguín y Palito mostró coordinación y coherencia estética, el grupo capitaneado por Canco y Eduardo evidenció desde el inicio problemas de liderazgo.
La desorganización fue evidente: faltaban instrucciones claras, las decisiones se tomaban sin consenso y las tensiones crecían por momentos. Incluso hubo enfrentamientos con el jurado y momentos de actitud desafiante que no pasaron desapercibidos. El resultado final quedó por debajo de las expectativas, lo que llevó a su equipo directamente a la prueba de eliminación.
Baños pequeños, tensión máxima
Ya en la prueba decisiva, las parejas tuvieron que enfrentarse a uno de los desafíos más complejos hasta la fecha: renovar un baño de dimensiones reducidas con un presupuesto de 1.500 euros.
El espacio limitado obligaba a pensar cada detalle al milímetro. Seguridad, funcionalidad y estética debían convivir en apenas unos metros cuadrados. Además, la presión económica jugó un papel determinante.
Durante la jornada surgieron nuevos conflictos entre otras parejas, pero la atención estaba puesta en el trabajo de Canco y Eduardo. Su propuesta, fiel a su estilo arriesgado y visualmente potente, terminó siendo penalizada por el jurado, especialmente tras sobrepasar el presupuesto en 500 euros.
Aunque el nivel general fue alto y otras propuestas también generaron dudas, la decisión final fue clara.
Una despedida emotiva que marcó la noche.
Cuando el jurado anunció que la pareja expulsada era Canco y Eduardo, el plato quedó en silencio. Eduardo Casanova fue el primero en romperse: agradeció la experiencia y confesó sentirse “triste pero feliz” por haber vivido la aventura. Canco, visiblemente emocionado, definió su paso por el programa como “una aventura maravillosa” y dedicó palabras especialmente cariñosas a su compañero.
La reacción del resto de concursantes evidencia el peso que ambos tenían en la convivencia. Varias lágrimas, abrazos y mensajes de cariño confirmaron que su presencia había marcado la dinámica del concurso.
Una edición cada vez más imprevisible.
Con esta expulsión, DecoMasters demuestra que ningún perfil está a salvo. Ni el carisma, ni la visibilidad mediática, ni las propuestas más llamativas garantizan continuidad si la ejecución no convence al jurado.
El concurso entra así en una nueva fase, con menos parejas y mayor presión. Y si algo ha quedado claro tras esta gala es que el margen de error es cada vez más estrecho.










