Cuando Disney estrenó ‘Vaiana’ en 2016 no solo presentó una nueva protagonista. También rompió con una fórmula que llevaba décadas funcionando. Diez años después, el estreno de su versión en Live-Action vuelve a poner el foco sobre la heroína que nunca quiso ser una princesa más.
Durante décadas, las princesas Disney compartieron un mismo destino. Algunas esperaban ser rescatadas, otras encontraban en el amor el final perfecto y casi todas acababan con un «fueron felices y comieron perdices». Pero entonces apareció Vaiana y decidió escribir sus propias reglas.
Ella nunca quiso encajar en el molde. Ni soñaba con encontrar al príncipe perfecto, ni necesitaba que nadie la salvara. Su historia iba de otra cosa: de descubrir quién era realmente, de desafiar las normas de su isla y de asumir una responsabilidad mucho mayor que cualquier romance.
Por eso Vaiana nunca fue una princesa al uso. De hecho, ni siquiera le gusta que la definan así. Cuando Maui la llama «princesa», ella se apresura a dejar claro que ese título no la representa. Lo suyo no es una cuestión de coronas, vestidos o castillos. Es una líder. Una navegante. Una joven que prefiere enfrentarse al océano antes que quedarse esperando a que alguien cambie su destino.
Ese fue, probablemente, el mayor acto de rebeldía de Disney en los últimos años. La compañía dejó de contar la historia de una chica que buscaba el amor para centrarse en una protagonista que solo necesitaba confiar en sí misma. Sin intereses románticos, sin triángulos amorosos y sin el clásico beso final. La aventura era el verdadero motor de la historia.
Ahora, diez años después, ‘Vaiana’ regresa a los cines con su versión en acción real, protagonizada por Catherine Laga’aia y Dwayne Johnson, que vuelve a dar vida al semidiós Maui. La película, dirigida por Thomas Kail, recupera el viaje que conquistó a millones de espectadores, pero también rescata un mensaje que sigue siendo igual de actual.
Porque mientras muchas heroínas continúan definidas por la persona de la que se enamoran, Vaiana sigue demostrando que el mayor viaje puede ser descubrir quién eres cuando nadie espera que seas diferente.
Quizá por eso conectó con toda una generación. No porque quisiera ser princesa, sino precisamente porque nunca necesitó serlo.
El nuevo live action llega hoy a los cines con el reto de trasladar ese espíritu a una nueva generación. Y si consigue mantener intacta la esencia de la historia original, volverá a recordarnos que los mejores cuentos no siempre terminan con un príncipe… a veces empiezan cuando una chica decide romper las reglas.









