Rémi Bezançon estrena una comedia de misterio elegante y entretenida que bebe directamente de ‘La ventana indiscreta’, aunque sin alcanzar nunca la brillantez del clásico de Hitchcock.
El cine francés siempre ha sabido moverse con cierta comodidad entre la comedia ligera y el drama cotidiano, y ‘Asesinato en la 3ª planta’ intenta precisamente jugar en ese terreno mientras mira constantemente al universo de Alfred Hitchcock. La nueva película de Rémi Bezançon, que hoy llega a los cines españoles, funciona como un homenaje evidente —quizá demasiado evidente— al maestro del suspense, especialmente a ‘La ventana indiscreta’, referencia que sobrevuela toda la película prácticamente desde su primera escena.
La historia nos presenta a Colette, profesora experta en Hitchcock, que empieza a sospechar que su vecino ha asesinado a su mujer. A partir de ahí, junto a su marido François, escritor de novelas policiacas venido a menos, ambos se embarcan en una investigación tan absurda como necesaria para intentar revivir un matrimonio atrapado en la rutina y la desconexión emocional.
Bezançon propone una mezcla curiosa entre thriller clásico, comedia romántica y metacine. Y aunque la idea resulta atractiva sobre el papel, la película se siente en ocasiones demasiado pendiente de sus referencias y homenajes, como si necesitara recordar constantemente al espectador lo cinéfila que quiere ser. Hay momentos donde el juego funciona realmente bien, especialmente cuando deja respirar a sus personajes y apuesta más por el humor cotidiano que por el artificio narrativo.
La gran baza del filme termina siendo su reparto. Gilles Lellouche y Laetitia Casta mantienen una química estupenda y consiguen sostener incluso algunas secuencias que narrativamente no terminan de despegar. Ambos encuentran el tono exacto entre la ironía, el desgaste sentimental y la complicidad, aportando naturalidad a una historia que por momentos parece demasiado consciente de sí misma.
Visualmente, ‘Asesinato en la 3ª planta’ tiene elegancia, sabe mantener un ritmo agradable y juega correctamente con el suspense sin necesidad de caer en excesos. Sin embargo, cuando intenta acercarse al misterio más clásico o introducir ciertos giros, la película pierde algo de fuerza y acaba resultando más simpático que realmente intrigante.
También llama la atención el uso de algunos elementos relacionados con la inteligencia artificial y la obsesión contemporánea por construir teorías desde la ventana de casa, aunque el guion no termina de profundizar demasiado en ello. La película prefiere mantenerse en un tono ligero y accesible antes de arriesgarse a explorar temas más complejos.
El resultado final es una propuesta entretenida, amable y claramente dirigida a un público adulto y cinéfilo que disfrutará encontrando guiños y referencias constantes al cine clásico. No reinventa nada ni alcanza el nivel de las películas a las que homenajea, pero sí consigue algo importante: hacer pasar un buen rato.
‘Asesinato en la 3ª planta’ no será recordada como una gran obra del thriller moderno, pero sí como una pequeña comedia hitchcockiana con encanto, ideal para quienes todavía disfrutan del suspense elegante y del cine que mira con cariño al pasado. Y eso, hoy en día, ya tiene bastante mérito.










