Una semana más, los dragones vuelven a surcar los cielos de Poniente y nosotros regresamos para analizar, escena a escena, todo lo que nos ha dejado el cuarto episodio de la tercera temporada de La Casa del Dragón. Como siempre, alerta de spoilers, porque repasaremos las principales tramas, los detalles que quizá pasaron desapercibidos y las diferencias más importantes respecto a Fuego y Sangre, la obra de George R. R. Martin en la que se inspira la serie.
En esta ocasión, el foco se aleja por momentos de Rhaenyra para ampliar el tablero de la Danza de los Dragones. Acompañamos a Daemon Targaryen hasta el Valle en busca del oro de Lady Jeyne Arryn, descubrimos cómo Ormund Hightower consolida su dominio sobre Ladera y, por fin, conocemos en profundidad al verdadero Daeron Targaryen junto a su espectacular dragona Tessarion, la Reina Azul. Además, el episodio recupera al usurpador Aegon, refugiado en Reposo del Grajo junto a Larys Strong, mientras ambos buscan una vía de escape lejos de una guerra que no deja de recrudecerse.
Con nuevos escenarios, alianzas que empiezan a tambalearse y viejas heridas que siguen abiertas, este cuarto episodio continúa expandiendo un conflicto que ya amenaza con consumir todo Poniente. Así que servíos una copa del mejor vino de El Rejo, ajustad las monturas y preparaos para un nuevo vuelo sobre los Siete Reinos. ¡Comenzamos!
La corte de Rhaenyra empieza a tomar forma
Si el episodio anterior nos mostró a una Rhaenyra completamente desbordada por la enorme responsabilidad de gobernar un reino dividido, este cuarto capítulo deja entrever a una reina mucho más segura de sí misma. Poco a poco comienza a tomar decisiones con firmeza y, sobre todo, a rodearse de las personas que deberán sostener su reinado en uno de los momentos más delicados de la historia de Poniente.
Su Consejo va adquiriendo una identidad propia. A los ya imprescindibles Daemon Targaryen, Lady Mysaria y Corlys Velaryon se suman figuras como el maestre Orwyle y Torrhen Manderly, quien, tras elogiar la inteligente maniobra de Rhaenyra durante el ya famoso banquete de las ratas, pasa a ocupar el cargo de Consejero de la Moneda para intentar arreglar los problemas económicos. Una incorporación que puede parecer secundaria, pero que promete ser fundamental no solo durante el desarrollo de la Danza de los Dragones, sino también después.
Mientras tanto, la situación con Corlys Velaryon sigue siendo delicada. La Serpiente Marina aún no ha olvidado el desencuentro con Rhaenyra por la legitimación de Addam y Alyn y decide regresar a Marcaderiva para defender lo poco que queda de su casa frente a las incursiones de la Triarquía.
Antes de partir, eso sí, deja resuelta una cuestión clave para la estabilidad del gobierno: delega el cargo de Mano de la Reina en Alyn Velaryon. Aunque el joven acepta el nombramiento con cierta inseguridad, supone un enorme paso para alguien que hasta hace muy poco ni siquiera era reconocido oficialmente como miembro de una de las casas más poderosas de los Siete Reinos.
Lo que queda del anterior rey Aegon
Después de varios episodios apareciendo únicamente de forma puntual, el antiguo rey Aegon vuelve a cobrar protagonismo en una de las tramas más humanas y descarnadas del capítulo. La serie nos traslada de nuevo a Reposo del Grajo, escenario de una de las batallas más devastadoras de la guerra y lugar donde el bando negro perdió a la inolvidable Rhaenys Targaryen y a su dragona Meleys. Allí también permanece Fuegosolar, el dragón de Aegon, al que todos daban por muerto.
Sin embargo, el propio Aegon se niega a aceptar su final y está convencido de que la criatura aún sigue con vida. Una escena que no pasa desapercibida para quienes conocen Fuego y Sangre, ya que, sin entrar en spoilers, el destino de Fuegosolar todavía tiene un papel muy importante dentro de la Danza de los Dragones. Habrá que ver si la serie decide respetarlo o vuelve a tomar un camino diferente.
Mientras tanto, la realidad del Usurpador dista mucho de la que un día conoció en el Trono de Hierro. Junto a Larys Strong, debe ocultar su identidad y aceptar los trabajos más miserables para conseguir un techo bajo el que dormir. Vaciar letrinas, soportar humillaciones y ganarse el pan con las manos sustituyen ahora a la corona y al poder. Todo con un único objetivo: encontrar un barco que les permita desaparecer antes de que la guerra vuelva a alcanzarlos.
Durante su estancia también descubre que, en Desembarco del Rey, todos lo dan por muerto, incluido su propio hermano Aemond. Una noticia que reabre la herida de la traición que Aegon cree haber sufrido en la Batalla de Reposo del Grajo y que alimenta todavía más el resentimiento que siente hacia él. El contraste no puede ser mayor: quien hace apenas unas semanas ocupaba el Trono de Hierro ahora limpia letrinas y se ve obligado a inclinar la cabeza ante señores menores para sobrevivir. Porque, en Poniente, incluso un rey puede descubrir que la libertad tiene un precio mucho más alto que una corona.
La visita de Daemon al Valle, y el impresionante hallazgo que encuentra
Uno de los viajes más importantes del episodio lleva a Daemon Targaryen hasta el Valle de Arryn, donde le espera Lady Jeyne Arryn para saldar una vieja promesa. La Señora del Valle recuerda perfectamente el acuerdo alcanzado la temporada pasada: ella enviaría tropas para apoyar la reclamación de Rhaenyra al Trono de Hierro y, a cambio, recibiría un dragón capaz de proteger sus dominios de ataques aéreos. Sin embargo, lo único que llegó fue una cría incapaz de defender absolutamente nada, motivo por el que no tarda en echarle en cara el incumplimiento a Daemon. Cuando el príncipe le solicita soldados, Jeyne responde con una fina ironía, preguntándole si pretende cambiar hombres por niños, igual que hicieron con ella.
Finalmente, ambos alcanzan un nuevo entendimiento cuando Daemon solicita ayuda económica en lugar de militar. La inteligente Lady Arryn comprende al instante que las arcas de la Corona atraviesan un momento crítico y acepta enviar oro, reafirmando una vez más su lealtad hacia la causa negra.
Pero la visita no acaba ahí, pues la auténtica sorpresa llega justo después. Contra todo pronóstico, Caraxes se desvía de su camino y conduce a Daemon hasta una remota cueva, como si el dragón supiera perfectamente lo que allí se escondía. El príncipe, al inicio contrariado por la actitud de su dragón, cree haber encontrado por fin al misterioso jinete de Robaovejas y acude dispuesto a descubrir su identidad. Sin embargo, quien aparece ante él es Rhaena Targaryen, o más bien una versión corrompida por la culpa y la impotencia.
La conversación entre padre e hija se convierte en uno de los momentos más emotivos del episodio. Daemon reprende a Rhaena por haber desobedecido las órdenes de Rhaenyra y abandonar la misión de proteger a los príncipes y luchar en la Batalla del Gaznate, una decisión que, indirectamente, terminó con la muerte de Jacaerys. Pero Rhaena, rota por la culpa y cansada de sentirse siempre la única Targaryen sin dragón, estalla contra su padre y le confiesa el peso que lleva soportando durante años.
Cuando Daemon le propone regresar con él para explicárselo todo a Rhaenyra, la joven rechaza la idea. Solo le pide una última muestra de confianza: que le permita continuar sola y que oculte a la reina el hallazgo del verdadero jinete de Robaovejas. Aunque comprende que está traicionando la confianza de su esposa, Daemon termina aceptando por el bien de su hija. Poco después, un pastor cercano es ejecutado y su cabeza enviada a Desembarco del Rey como una falsa prueba de venganza por la muerte de Jacaerys, una maniobra que demuestra hasta qué punto algunos personajes empiezan a moverse entre las sombras para proteger sus propios intereses.
Y, como viene siendo habitual esta temporada, la serie vuelve a separarse de la novela. En Fuego y Sangre, Rhaena jamás reclama a Robaovejas, como se ha mencionado en anteriores artículos. Ese papel corresponde a Ortigas, una joven aldeana cuya relación con Daemon es completamente distinta y que no guarda ninguna conexión con la muerte de Jacaerys. La adaptación opta por fusionar ambas tramas en un solo personaje, una decisión que modifica de forma notable el desarrollo original de la historia, aunque, en este caso, consigue dotar a Rhaena de un arco mucho más sólido y emotivo dentro de la serie.
Las ruinas de Harrenhall junto a las de un bando verde cada vez más a la deriva
Mientras Rhaenyra empieza a consolidar su reinado, el episodio también nos muestra la otra cara de la guerra: un bando verde completamente desorientado. Ser Criston Cole y Ser Gwayne Hightower llegan por fin a Harrenhal con el ejército que han comandado durante las últimas semanas, convencidos de que allí encontrarán a Aemond Targaryen y a la imponente Vhagar. Sin embargo, el castillo solo conserva las cicatrices del paso de un dragón y un único rostro familiar: Alys Ríos, la enigmática mujer que continúa habitando Harrenhal como si nada hubiera ocurrido.
Es ella quien les comunica la noticia que cambia por completo el panorama. Aegon ha sido dado por muerto y Rhaenyra ocupa ya el Trono de Hierro. Sin cuervos que les informaran y aislados durante la campaña militar, los soldados desconocían por completo que la guerra había dado un vuelco mientras ellos seguían marchando hacia un objetivo que ya no existía.
La revelación termina de romper la frágil unidad que aún quedaba entre Criston Cole y Gwayne Hightower. Desde la Batalla de Reposo del Grajo, Cole se ha convertido en un hombre completamente distinto. El estratega orgulloso de las primeras temporadas ha dejado paso a un caballero derrotado, convencido de que la guerra está perdida y de que ninguno de ellos regresará con vida mientras Rhaenyra permanezca en el Trono de Hierro.
Frente a ese pesimismo, Gwayne se niega a rendirse y propone buscar el apoyo de su primo Ormund Hightower, que continúa fortificando su posición en Ladera. Una diferencia de criterios que evidencia el estado actual del bando verde: sin un líder claro, dividido por dentro y obligado a improvisar mientras el tablero de Poniente cambia a toda velocidad.
El verdadero Daeron Targaryen y la estrategia de Ormund Hightower para reavivar la guerra
Cuando todo parecía indicar que la guerra estaba prácticamente sentenciada, el episodio nos recuerda que en Poniente nunca conviene dar una partida por terminada antes de tiempo. Con Aegon desaparecido y dado por muerto, Aemond en paradero desconocido tras los sucesos de Harrenhal y Otto Hightower decapitado, el bando verde parecía condenado a desaparecer. Sin embargo, como decía nuestra querida Arya Stark, «deja a un lobo vivo y las ovejas jamás estarán a salvo». Y ese lobo, en estos momentos, tiene nombre y apellido: Ormund Hightower.
Atrincherado en Ladera, una posición estratégica desde la que reorganizar sus fuerzas, junto al joven príncipe y todo su ejército, el Señor de Antigua demuestra que todavía tiene mucho que decir en la Danza de Dragones. Pero su mayor baza no son sus soldados, sino una figura que por fin conocemos en profundidad: el verdadero Daeron Targaryen.
La propia Alicent explica a Rhaenyra el motivo por el que decidió enviar a su hijo menor a criarse en Antigua. Después de dar tres hijos plenamente Targaryen a Viserys, quiso que el último creciera como un auténtico Hightower. Y el resultado salta a la vista. Daeron es educado, culto, prudente, amable y misericordioso, justo lo que escasea entre sus hermanos mayores.
La serie refuerza esa idea con una decisión visual muy interesante. Mientras que en Fuego y Sangre Daeron comparte los clásicos rasgos valyrios de la familia Targaryen, aquí aparece vestido con los colores verdes de los Hightower, luce el faro de Antigua bordado en sus ropas e incluso presenta un cabello castaño rojizo mucho más cercano al de su madre que al de sus hermanos. Un cambio respecto a la novela que funciona muy bien en pantalla, ya que transmite de un solo vistazo que Daeron ha sido educado para pensar como un Hightower antes que como un Targaryen.
Su único vínculo evidente con su sangre valyria parece ser Tessarion, la espectacular Reina Azul, una dragona que ya habíamos visto fugazmente en capítulos anteriores, pero que aquí adquiere por fin todo el protagonismo que merece. Aunque todavía no alcanza el tamaño de bestias como Vhagar o Vermithor, su presencia convierte a Daeron en una pieza mucho más peligrosa de lo que parecía.
Y ahí entra en juego la verdadera estrategia de Ormund Hightower. Tras recibir un cuervo que confirma que Aemond sigue desaparecido y que Aegon continúa sin dar señales de vida, comprende que el bando verde necesita un nuevo símbolo alrededor del que unirse. Su apuesta será convertir a Daeron en el nuevo aspirante al Trono de Hierro, dejando atrás a sus hermanos y colocando al joven príncipe como la nueva esperanza de su causa.
La propuesta horroriza inicialmente a Daeron, incapaz de imaginarse disputando la Corona a su propia familia. Sin embargo, Ormund vuelve a demostrar su enorme capacidad para manipular a quienes lo rodean. Poco a poco va moldeando el pensamiento de su sobrino hasta convencerlo de que debe actuar como un auténtico rey. La prueba llega con un plebeyo que, horas antes, había sido perdonado tras enfrentarse a unos soldados defendiendo a su familia. Donde Daeron veía misericordia, Ormund ve debilidad. Y el príncipe, presionado por su tío, termina ejecutando al inocente como su primer acto de autoridad.
El episodio se despide con una imagen tan dura como simbólica: Tessarion reduce al hombre a cenizas ante la mirada de Daeron, manipulado por Ormund. Una escena que resume a la perfección la esencia del bando verde en este momento de la guerra. Los Hightower continúan moviendo los hilos desde la sombra, mientras los Targaryen aportan los dragones y la sangre. Pero, al final, quienes siempre pagan el precio son los mismos: los inocentes del pueblo, consumidos por un conflicto que nunca eligieron librar.
En conclusión, este cuarto episodio baja el ritmo de las grandes batallas para preparar el terreno de todo lo que está por venir. Mientras Rhaenyra continúa consolidando poco a poco su reinado y rodeándose de un consejo cada vez más sólido, el bando verde demuestra que todavía conserva una última carta con la que volver a poner Poniente patas arriba.
El futuro inmediato deja abiertas varias incógnitas apasionantes. Daemon ya conoce la verdad sobre Rhaena y Robaovejas, una revelación que promete traer consecuencias tanto dentro de la familia Targaryen como en el desarrollo de la guerra. ¿Cómo reaccionará Rhaenyra cuando descubra lo ocurrido? ¿Aceptará la decisión de su hijastra o la interpretará como una traición en uno de los momentos más delicados de su reinado?
Al mismo tiempo, todas las miradas apuntan hacia Ladera. Ormund Hightower ha conseguido reorganizar los restos del bando verde y convertir esa ciudad en el nuevo epicentro del conflicto. Su estrategia empieza a dar frutos y todo hace pensar que la resolución de ese asentamiento será uno de los próximos grandes acontecimientos de la temporada, con consecuencias que podrían volver a inclinar la balanza de la guerra.
Y, por si fuera poco, la aparición del verdadero Daeron Targaryen cambia por completo el tablero. El príncipe que había permanecido en un segundo plano durante toda la serie se convierte ahora en la gran esperanza de los verdes, mientras Ormund mueve los hilos para convertirlo en el nuevo rostro de su causa. La guerra, que hace apenas un episodio parecía prácticamente en ascuas, vuelve a prender fuego con fuerza gracias a un personaje que hasta ahora apenas conocíamos.
Con un capítulo mucho más político que bélico, pero cargado de decisiones que marcarán el futuro de Poniente, La Casa del Dragón vuelve a demostrar que, en esta historia, las espadas y los dragones solo son una parte del conflicto. Las verdaderas victorias comienzan mucho antes, alrededor de una mesa, en una conversación o en una decisión aparentemente pequeña que termina cambiando el destino de los Siete Reinos.
Nosotros volveremos la próxima semana para seguir sobrevolando Poniente, analizar cada detalle, descubrir las diferencias con Fuego y Sangre y comprobar si las llamas de la Danza de Dragones terminan por consumir un reino que, a estas alturas, ya parece imposible de salvar.
¿Y a vosotros qué os ha parecido el capítulo de esta semana? ¿Qué pensáis que va a ocurrir ahora que vuelve a haber un aspirante en el bando verde?










