En plena semana de la Feria de Abril de Sevilla, habría que recordar que hubo un tiempo en el que esta no era una reunión anual de influencers disfrazados de arte, arsa e intensidad. Todos ellos con una conexión nula o inventada con Sevilla y la sangre andaluza. El origen de este evento, se remonta a una feria ganadera en la que se compraban y vendían animales, pero que, poco a poco, fue añadiendo este carácter festivo que nos recuerda más a lo que se hace hoy en día.
Está claro que con los años, lo comercial pasó a un segundo plano y la feria se convirtió en un encuentro social y cultural. Ahí es donde aparecen las casetas, el baile, el traje de gitana, la fiesta, etc. Todo relacionado con el orgullo de pertenecer a Sevilla y su forma de vida. El traje en este caso, no solo era tener el más bonito sino era otra forma de orgullo. Antes los trajes se heredaban, se repetían, se arreglaban año tras año, se adaptaban, etc. Había madres que guardaban el suyo como un tesoro para poder dárselo a su hija cuando esta pudiera llevarlo. Algo familiar, algo de pertenencia… el sentimiento de formar parte de algo.
Pero en la última década, la feria ha entrado en una dinámica muy diferente. Las redes sociales han cambiado el mundo y la forma en la que vivimos los eventos y las tradiciones. Claro, la feria no iba a librarse de esto. Se ha producido una teatralización de la feria que la ha convertido en una mezcla de circo y pasarela de modelos. Un escaparate lleno de personas que no tienen relación con Sevilla y que no entienden la magnitud ni el sentimiento de estar ahí, de la fiesta ni de la ropa que llevan, pero que han recibido un dinerito fácil por viajar a Sevilla dos días, ponerse un traje prestado, hacerse dos fotos y decir ¡Viva Sevilla!
¿Necesita realmente esto Sevilla? ¿Cómo viven esto los sevillanos? ¿Por qué esforzarnos tanto en destrozar las tradiciones llevando a influencers que claramente no tienen respeto ni interés en ellas?
Y por supuesto, generalizo.
Pero es preocupante el rechazo que causa la Feria de Abril de Sevilla para aquellos que no la conocen. ¿No debería la presencia de influencers animar a la gente a ir a la feria? Me parece que la estrategia les está saliendo bastante mal.
Y es un tema del que se habla y del que los mismos sevillanos están empezando a hartarse.
Hoy, para muchos, la feria es solo una fuente de contenido para redes. Es un escenario perfecto para protagonizar campañas. Voy a la feria, me ponen un traje, me saco la foto y bye bye Sevilla. Hasta el año que viene. Y es que la escena es así de fría y así de carente de respeto por la cultura andaluza. Alguien baja de un coche, se coloca el mantón, posa frente a una caseta, cambia de postura tres veces, revisa el móvil, edita la foto y la sube.
Y ojo, no van porque amen Sevilla o les cause curiosidad conocer la feria. Van porque es una campaña por la cual les van a pagar dinero.
¿Culpa de los influencers o de las marcas?
Es igual. Culpa de esta saturación de influencers de la que también hablamos la semana pasada.
Pero no deja de chocar que en un evento cultural, sea cual sea, los protagonistas sean influencers que, durante todo el año, no tienen relación con la cultura que se celebra. ¿No es eso disfrazarse de una cultura que no es la tuya? ¿No lo empeora el hecho de que se hace por dinero? Sobre todo porque, como siempre, les falta honestidad.
Excusan su presencia en la feria con un amor hasta ahora desconocido por Sevilla y por la cultura andaluza. También hay otros que hacen malabares con su árbol genealógico para poder justificar su presencia en la feria con que es sevillano por parte de algún familiar. En fin. Tener un tatarabuelo en Sevilla, no te hace sevillano. Otra cosa es si has mamado cultura andaluza por algún motivo, pero eso es fácilmente detectable. Influencers que piensan que los consumidores somos tontos.
A muchos me gustaría preguntarles si han visto algo de Sevilla más allá del aeropuerto, el hotel y la feria.
Y eso, poco a poco, transforma la percepción de la feria. Parece que ya no se celebra la cultura sevillana sino que se pelea por el traje más bonito, por ser la más guapa o por tener más likes.
La feria sigue siendo espectacular, incluso más que antes, ya que todo está más cuidado y más producido. Pero también más vacía en algunos aspectos porque cuando todo se convierte en generar contenido, se vacía el propósito inicial de la feria.
No se trata de rechazar el cambio ni de idealizar el pasado porque la feria ha evolucionado y lo seguirá haciendo, pero hay una diferencia clara entre evolucionar y vaciar el significado de una tradición hasta convertirla en un circo o un pase de modelos.










