El Consejo de Administración de RTVE debatirá (o no) mañana, el futuro de España en Eurovisión
Exactamente un año después de que RTVE decidiera retirar a España de Eurovisión, el Consejo de Administración de la Corporación vuelve a reunirse este miércoles 16 de septiembre. La coincidencia es, como mínimo, llamativa.
El 16 de septiembre de 2025, el Consejo aprobó por 10 votos a favor, 4 en contra y 1 abstención que España abandonaría Eurovisión 2026 si Israel continuaba participando. Israel permaneció, RTVE cumplió su decisión y España no estuvo en el festival. Ahora, exactamente doce meses después, vuelven a reunirse los mismos 15 consejeros.
Antes de continuar debemos hacer una precisión importante: RTVE no ha confirmado públicamente que el regreso de España a Eurovisión vaya a someterse mañana a votación ni que figure formalmente en el orden del día. Algunos medios aseguran que el Consejo decidirá sobre la participación española en 2027, mientras que otros confirman la reunión, pero advierten de que no existe confirmación oficial de que Eurovisión vaya a tratarse. Por tanto, a partir de aquí debemos separar claramente tres cosas: lo que sabemos, lo que podría ocurrir y lo que en La Parabólica creemos que puede estar ocurriendo.
El Consejo continúa compuesto por las mismas 15 personas que votaron hace exactamente un año. Entre los consejeros propuestos por el PSOE se encuentran José Pablo López, Esther de la Mata, Rosa León, Angélica Rubio y Mercedes de Pablos. Por el PP fueron propuestos Eladio Jareño, Rubén Moreno, Ignacio Ruiz-Jarabo y Marina Vila; Sumar propuso a Marta Ribas y María Teresa Martín; y a ellos se suman Sergi Sol, propuesto por ERC; Mariano Muniesa, por Podemos; María Roncesvalles Solana, por el PNV; y Miquel Calçada, por Junts. Conviene recordar que haber sido propuesto por un partido no convierte jurídicamente a un consejero de RTVE en representante de esa formación ni significa que reciba instrucciones de ella. Pero políticamente resulta inevitable observar de dónde procedieron los apoyos para intentar comprender qué podría suceder.
Hace un año el resultado fue rotundo: 10-4-1. Diez consejeros respaldaron la retirada, cuatro votaron en contra y uno se abstuvo. Para regresar ahora necesariamente tendría que producirse algún movimiento respecto a aquel tablero. Y aquí abandonamos los hechos para entrar en nuestra interpretación, porque en La Parabólica creemos que existe una razón muy poderosa para que RTVE pueda estar replanteándose su relación con Eurovisión: el Benidorm Fest.
RTVE ha insistido durante todo este tiempo en que el festival tiene identidad propia y puede continuar independientemente de Eurovisión. Y administrativamente es cierto. El Benidorm Fest continúa, tendrá edición en 2027, RTVE ha recibido alrededor de 900 propuestas y el proyecto sigue adelante. Pero una cosa es sobrevivir como formato y otra muy diferente mantener la relevancia que convirtió al Benidorm Fest en uno de los grandes acontecimientos televisivos y musicales del año.
Los primeros datos sin Eurovisión deberían, como mínimo, provocar una reflexión. La final de 2025 reunió una media de 1.938.000 espectadores y un 17,1% de cuota de pantalla. La final de 2026, primera edición completamente desligada de la posibilidad de representar a España en Eurovisión, cayó hasta 1.085.000 espectadores y un 12,1%. Son 853.000 espectadores menos, cinco puntos de cuota y una caída aproximada del 44% en espectadores. Además, la final de 2026 fue la menos vista de la historia del Benidorm Fest y su primera semifinal también registró el menor número de espectadores de una semifinal del formato.
¿Podemos demostrar que toda esa caída se debe exclusivamente a la ausencia de Eurovisión? No. Sería simplista afirmarlo. RTVE, además, tiene argumentos para defender los resultados: la final lideró su franja, acumuló más de cuatro millones de contactos únicos, funcionó especialmente bien entre determinados públicos jóvenes y generó millones de reproducciones en redes sociales. Pero también sería difícil ignorar que la mayor caída de audiencia del formato coincide precisamente con la primera edición en la que ganar el Benidorm Fest ya no significaba representar a España en Eurovisión.
Y ahí está nuestra discrepancia con el relato excesivamente triunfalista que RTVE ha construido alrededor del formato. Eurovisión no era simplemente un premio añadido, formaba parte del ADN del Benidorm Fest. Chanel, Blanca Paloma, Nebulossa o Melody no ganaban únicamente un festival: ganaban el derecho a representar a España ante cientos de millones de espectadores. Ese horizonte generaba conversación, polémica, apuestas, fandom, interés de artistas, discográficas y medios. Quitarlo inevitablemente cambia la dimensión del producto. Por eso nuestra pregunta no es si el Benidorm Fest puede continuar. Claro que puede. La pregunta es si puede conservar la misma relevancia sin Eurovisión.
José Pablo López conoce perfectamente el proyecto. Antes de convertirse en presidente de RTVE fue director de Contenidos Generales y estuvo directamente relacionado con el Benidorm Fest y la participación española en Eurovisión. Además, él dispone de muchos más datos internos que nosotros: audiencias minuto a minuto, costes, ingresos, interés comercial, comportamiento digital, interés de artistas y discográficas o proyección internacional. Y quizá haya descubierto algo que desde fuera empieza a parecer evidente: sacar Eurovisión del Benidorm Fest era mucho más sencillo que sacar al Benidorm Fest de Eurovisión.
Pero hay otro elemento que nos llama especialmente la atención en todo este proceso: el silencio. José Pablo López no siempre ha sido ambiguo respecto a Eurovisión. Todo lo contrario. En otras ocasiones se ha mostrado públicamente tajante y extraordinariamente crítico con determinadas decisiones alrededor del festival. RTVE tampoco escondió su posición. Hace un año conocíamos perfectamente qué defendía la Corporación: hubo comunicados, declaraciones, posicionamientos públicos y finalmente una votación. Sin embargo, ahora ocurre algo diferente. Tanto José Pablo López como RTVE están extrañamente callados.
Un silencio no demuestra absolutamente nada. Puede significar simplemente prudencia institucional, que nada ha cambiado o que RTVE continúa manteniendo exactamente la misma posición y considera innecesario repetirla. Pero también podemos plantearnos otras posibilidades, y la primera incógnita está en la propia EBU. ¿Qué conversaciones se han producido durante estos meses entre RTVE y la organización europea? ¿Ha cambiado algo? ¿Ha ofrecido la EBU compromisos, garantías o modificaciones que RTVE considere suficientes?
No sabemos que esas garantías existan ni tenemos constancia de ninguna negociación que haya provocado un cambio de postura. Pero si mañana José Pablo López defendiese el regreso, esta sería probablemente una de las primeras preguntas que habría que hacerle: ¿qué ha cambiado en la EBU para que RTVE pueda justificar ahora regresar al festival del que decidió marcharse hace solamente un año? Porque existe una diferencia enorme entre que José Pablo haya cambiado personalmente de opinión y que llegue al Consejo con nuevos argumentos capaces de convencer también a algunos de quienes votaron por la retirada.
Y existe otra posibilidad, probablemente la más retorcida de todas. ¿Y si José Pablo López sabe algo que nosotros todavía no sabemos? No necesariamente que conozca el resultado de una votación que todavía no se ha producido, sino que, después de conversaciones internas, conozca aproximadamente la posición de los diferentes miembros del Consejo y sepa que existe una posibilidad real de que haya una mayoría favorable al regreso.
Entonces el silencio tendría otra explicación completamente diferente. José Pablo podría estar esperando a que sea el Consejo quien tome formalmente la decisión, evitando convertirse personalmente en el protagonista absoluto de una rectificación después de haber defendido con tanta contundencia la retirada. El relato sería muy diferente. No sería «José Pablo López cambia de opinión y devuelve España a Eurovisión», sino «el Consejo de Administración de RTVE aprueba el regreso de España a Eurovisión». Puede parecer una diferencia semántica, pero políticamente no lo es.
Hace exactamente un año fue José Pablo López quien llevó al Consejo la propuesta de retirada y después defendió públicamente aquella decisión. Si ahora existiera una mayoría diferente dentro del Consejo, ¿por qué tendría que ser él quien protagonizase previamente el cambio de discurso? Podría simplemente esperar a que se reúna el Consejo, a que hablen los votos y a que sea el propio órgano colegiado quien asuma públicamente la responsabilidad del regreso. Incluso su propio voto sería entonces enormemente interesante: podría votar SÍ argumentando que las circunstancias han cambiado, mantener su posición o adoptar otra postura dependiendo del escenario que se produzca.
No sabemos absolutamente nada de esto. Es una teoría de La Parabólica. El silencio no demuestra que exista una mayoría favorable al regreso, no demuestra que José Pablo conozca previamente la correlación de fuerzas y mucho menos demuestra que esté intentando proteger su imagen o su discurso. Pero sí permite plantearnos una pregunta: ¿y si José Pablo no está callado porque no sepa qué hacer, sino porque está esperando a que sea el Consejo quien hable?
Y entonces llegamos inevitablemente a los votos. El PSOE ha mantenido durante los últimos meses una posición política muy favorable a la retirada. Pedro Sánchez respaldó públicamente la decisión y defendió que España estaba en el lado correcto de la historia. Sumar y Podemos también han mantenido posiciones muy contundentes. Por eso, atendiendo exclusivamente a la actualidad política y a las posiciones públicas conocidas, resulta difícil asegurar que exista actualmente una mayoría favorable al regreso. De hecho, nuestro análisis sigue considerando ligeramente más probable un NO.
Pero imaginemos un escenario. Los otros cuatro consejeros propuestos por el PSOE mantienen el NO, los dos propuestos por Sumar mantienen el NO y Mariano Muniesa, propuesto por Podemos, también mantiene el NO. Tendríamos siete votos contrarios al regreso. En el otro lado podrían encontrarse José Pablo López y los cuatro consejeros propuestos por el PP, que hace un año votaron contra la retirada. Y entonces necesitaríamos mirar hacia ERC, PNV y Junts. Ahí aparecería una combinación políticamente extraordinaria: José Pablo López + PP + ERC + PNV + Junts.
¿Es nuestra predicción? No. Es política ficción. Para que algo semejante sucediese tendrían que moverse demasiadas piezas: ERC tendría que modificar su posición de 2025, PNV también, Junts tendría que pasar de la abstención al apoyo, el PP tendría que mantener su posición favorable a permanecer en Eurovisión y José Pablo tendría que modificar el sentido de su propio voto respecto a hace un año. Pero precisamente por eso mañana, si finalmente se vota, no bastará con saber si gana el SÍ o el NO. Habrá que saber quién ha cambiado.
Existe además otro elemento que hace que no descartemos completamente una sorpresa. La política española de septiembre de 2026 no es la misma que hace un año. El Gobierno afronta numerosos frentes políticos, una mayoría parlamentaria complicada y un horizonte electoral cada vez más cercano. En ese contexto cabe preguntarse: ¿le interesa realmente al PSOE mantener abierto durante 2027 otro frente alrededor de Eurovisión?
Regresar sin ninguna explicación sería políticamente complicado. Pero regresar después de poder presentar cambios o garantías de la EBU permitiría construir un relato completamente diferente: «España se plantó, la EBU ha cambiado y ahora existen condiciones para volver». No tendría por qué presentarse como una rectificación; podría venderse incluso como el resultado de haber mantenido una posición firme. Y quizá eso facilite movimientos que hace unos meses parecían imposibles.
Aun así, tampoco debemos olvidar que Pedro Sánchez respaldó públicamente la retirada hace solamente unos meses. Por eso cualquier cambio necesitaría una explicación convincente. Y volvemos exactamente al mismo punto: ¿Ha ocurrido algo entre RTVE y la EBU que todavía desconocemos?
Si finalmente existe votación, probablemente estaremos demasiado pendientes del resultado: España vuelve o España continúa fuera. Pero puede existir una segunda noticia muchísimo más interesante: el voto de José Pablo López. Imaginemos que el Consejo finalmente rechaza el regreso, pero José Pablo vota SÍ. El presidente que hace exactamente un año impulsó la retirada estaría defendiendo ahora regresar y entonces tendría muchas explicaciones que dar y muchas cuentas que rendir.
¿Qué ha cambiado en doce meses? ¿Por qué aquello que justificaba abandonar Eurovisión ya no sería suficiente para permanecer fuera? ¿Ha cambiado algo en la EBU? ¿Ha recibido RTVE garantías que desconocemos? ¿Han pesado los datos del Benidorm Fest 2026? ¿Existe preocupación interna por el futuro del formato? ¿Ha descubierto RTVE que separar completamente el Benidorm Fest de Eurovisión tenía consecuencias que quizá no había calculado?
Pero también puede ocurrir exactamente lo contrario: que José Pablo mantenga su posición y sean otros consejeros quienes cambien su voto. Y entonces volveríamos a nuestra teoría del silencio. Quizá el presidente nunca necesitó protagonizar el cambio. Quizá simplemente estaba esperando a que el Consejo tomase la decisión.
Después de analizar las posiciones políticas conocidas, el resultado de hace un año y todo lo ocurrido durante estos meses, consideramos ligeramente más probable que el Consejo mantenga una posición contraria al regreso. Pero ya no creemos que un SÍ pueda considerarse imposible ni muchísimo menos. Hay demasiadas incógnitas. La situación política ha cambiado, el Benidorm Fest ya ha vivido su primera edición completamente separado de Eurovisión, la EBU ha introducido cambios y, sobre todo, RTVE y José Pablo López están mucho más callados que hace un año.
Quizá no signifique nada. Quizá mañana descubramos que todo continúa exactamente igual. Pero si finalmente aparece un giro, tendremos que regresar a estas semanas de silencio e intentar comprender qué estaba ocurriendo mientras nadie decía nada. Porque quizá mañana haya dos noticias: qué decide RTVE sobre Eurovisión y qué decide José Pablo López.
Y si ambas respuestas son diferentes, el verdadero debate probablemente no termine mañana. Probablemente empiece precisamente ahí.









